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<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><channel><title>ismaelgrasa</title><link>http://ismaelgrasa.blogia.com/</link><description><![CDATA[  
]]></description><ttl>60</ttl><pubDate>Thu, 24 Jul 2008 00:32:49 -0500</pubDate><generator>http://www.blogia.com</generator><item>
<title>CRÓNICAS VARIAS</title>
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	<pubDate>Thu, 24 Jul 2008 00:32:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Crónica social-literaria oscense: el autor teatral y periodista Antonio Tabares deja Huesca después de haber estado en la ciudad los últimos años y haber tenido aquí dos hijos. Antonio Tabares tiene un sentido del humor que no sé si es canario o no, como él, pero que es siempre penetrante sin dejar de ser dulce y amable. Se va ahora a vivir y a trabajar a La Palma.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Crónica del exterior: un buen grupo de oscenses coincide entre el público del concierto que dio Patti Smith en la Expo de Zaragoza. Entre ellos estaba Juanjo Javierre, que unos días antes había tocado en otro escenario de la Expo. Fue un concierto estupendo, buena parte de los que estábamos ahí acudimos por curiosidad &amp;ndash;¿cómo será en el escenario esta Patti Smith de sesenta y tantos años, esa chica de las fotos de &amp;ldquo;Horses&amp;rdquo;?&amp;ndash; y salimos con un entusiasmo renovado y algo inesperado: la Smith cantó y recitó con convicción, hizo versiones, como la de Nirvana, y se movió con una elegancia amable que, a su vez, no renunciaba a gestos punk o de rebeldía: no quitarse la tarjeta de acreditación de la Expo durante el concierto resultaba, paradójicamente, muy punk, el colmo de la indiferencia y del descuido. En esta línea, con más indolencia que violencia, cada no mucho tiraba al suelo el pie del micrófono, con lo que tenía que salir al escenario, a ponérselo de pie, un técnico vestido de negro. Cada vez que salía ese chico a recomponerle el escenario yo pensaba en todas las madres que durante décadas han limpiado y ordenado las habitaciones de sus hijos rebeldes, en todos los empleados de hotel que rehacen las habitaciones de los artistas punk, en todos los trabajadores de limpieza de los ayuntamientos. El viento de Zaragoza jugó a favor de Patti Smith, revolviéndole el pelo sobre un rostro que salía favorecido con ese desorden y ese semiocultamiento. Smith transmitió convicción, fue un concierto de poeta, de intelectual, también con algo de Papa rara, con sus mensajes de que el futuro era nuestro. Ya se sabe, por otra parte, que desde Juan Pablo II la Iglesia ha adoptado el lenguaje visual de los grandes conciertos del rock: las imágenes del Papa en Sidney no se pueden entender sin Woodstock, etcétera. Hace poco estuvo un cardenal en la Expo que, de pronto, dio sentido al pabellón puente de Zaha Hadid: aquellas prendas talares suyas y de sus acompañantes, con su aire medieval y escénico, casaban sorprendentemente bien con esa arquitectura de ciencia ficción. Todos los demás parecían fuera de lugar en las fotografías.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Esa noche cené en el pabellón de Bulgaria. El menú es reducido pero está bien resuelto. Otra cosa son los contenidos del pabellón, unas fotografías de decoración turística. Pero lo cierto es que a poca gente le importan de verdad los contenidos sobre el agua, y, de algún modo, hacen bien. A mí también me importa más la cocina de la Expo, o los conciertos, o la arquitectura, o las terrazas nocturnas. La palabra &amp;ldquo;concienciación&amp;rdquo; acaba siendo disuasoria y contraproducente, se supone que lleva implícito cierto aburrimiento y una carga de mala conciencia. Creo que todos estamos dispuestos a sufrir restricciones, si son precisas, pero no a aburrirnos ni a ponernos un cilicio. Si no podemos usar el coche, usaremos el autobús colectivo de hidrógeno, pero no olvidaremos lo magníficos que son los coches.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         El totalitarismo y el integrismo se visten de toda clase de disfraces, adaptados a cada tiempo. El ecologismo puede ser uno. Es significativo cómo describe la bloguera cubana Yaoni Sánchez los registros en sus viviendas buscando bombillas de consumo alto, un medio sutil de hacer entrar a los revolucionarios adolescentes en las casas particulares y perpetuar el miedo.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;"></span></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: right;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-size: small; font-family: Times New Roman;"><em>Heraldo de Aragón</em>, Huesca, 22.7.08</span></span></p>	
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<title>LA FALSA DECEPCIÓN</title>
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	<pubDate>Wed, 16 Jul 2008 22:34:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Parece que hay que dar por hecho que vivimos en una época de decepción, es una de las ideas comunes de nuestro tiempo: la decepción por el final de las ideologías y las revoluciones; la decepción por un horizonte de consumo que no libra a las personas de la soledad &amp;ndash;la mitad de las viviendas de París están habitadas por personas que viven solas&amp;ndash; o de los diversos modos de desesperación, como el suicidio; la decepción por la masificación de lo que antes se consideraba &amp;ldquo;alta cultura&amp;rdquo;, hoy manejada por los publicistas&amp;hellip; Pero hay que decir que esta sensación de desengaño es muy discutible. De hecho, es una falacia. Algo decepciona cuando no da lo que prometía. A lo mejor sucede que hemos esperado cosas que no procedía esperar. El manzano da manzanas, no peras, y no por eso las manzanas son malas o decepcionantes. Hemos aumentado la esperanza de vida, por ejemplo. Partimos de que a la gente no le suele gustar morirse, y que por tanto aumentar la esperanza de vida es bueno, es un logro, algo que debemos celebrar y que nos hace sentir orgullosos. Pero pongamos por caso que dentro de unas décadas, siendo común llegar a los cien años, se trate de extender la idea de que, en el fondo, hemos fracasado, porque la gente no por vivir más es más feliz. ¡Faltaría más! ¿Alguien lo había prometido? Los proselitistas de esta sensación de decepción, cuando no de derrota o de clausura de la historia, tratan a menudo de desdibujar lo que son logros, cosas que nos hacen la vida mejor y por las que ha valido la pena esforzarse: la democracia es buena, la alfabetización global es buena, el aire acondicionado es bueno, la aspirina es buena&amp;hellip; La caída del Muro de Berlín fue algo que había que celebrar, ese muro era oprobioso, por más que se nos diga que con él cayeron también las últimas ideologías. Es una gran frivolidad tener que leer que las democracias crean algo así como un horizonte de decepción, cuando hay países hoy que siguen encarcelando a sus disidentes políticos o religiosos y donde las empresas editoras y las televisiones son patrimonio del dictador de turno. Igual que hay algo de injusto en decir que los inmigrantes que llegan moribundos a nuestras costas vienen &amp;ldquo;engañados&amp;rdquo; por un espejismo de bienestar, cuando realmente huyen de la miseria física e intelectual, de un inmenso hastío de piedras, caciques, cabras y arenales. En este contexto, hablar de la &amp;ldquo;decepción&amp;rdquo; de la sociedad de consumo solo se entiende desde una ceguera algo cruel, o desde la nostalgia de una Edad media que arrastra prejuicios religiosos: bien por el lado de la culpabilidad &amp;ndash;presentándose hoy Dios como la Naturaleza&amp;ndash;, bien por la vieja máxima agustiniana de la voluntad siempre insatisfecha&amp;hellip;</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         He leído este fin de semana &amp;ldquo;La sociedad de la decepción&amp;rdquo; (Anagrama), un libro-entrevista a Gilles Lipovetsky. Parte de interés del libro está en la exhibición de tópicos e ideas comunes que hace el entrevistador, Bertrand Richard, como una especie de muestrario de los prejuicios de una época, incluida la propuesta de imponer una &amp;ldquo;cuota de consumo&amp;rdquo; a los ciudadanos (no exactamente por motivos ecológicos, ¡sino para evitarnos la &amp;ldquo;decepción&amp;rdquo;!). Lipovetsky sale airoso de la entrevista, sobretodo en la parte final, cuando argumenta contra los partidarios de las restricciones por cuota y contra los &amp;ldquo;altermundistas&amp;rdquo;. Tiene momentos bellos de defensa de los afectos en democracia, aunque también resulta tedioso en los pasajes en que se envuelve en la retórica ensayística de la &amp;ldquo;decepción&amp;rdquo;.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Sucede como con los que se oponen al fútbol porque lo encuentran alienante o banal, en lugar de protestar por que haya países, como Irán, Brunéi o Arabia Saudí, donde las mujeres no lo pueden jugar.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"> </p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: right;"><span style="font-size: x-small;"><em>Heraldo de Aragón</em>, Huesca, 16.7.08</span></p>	
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<title>FIN DE UN SECUESTRO</title>
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		<description>         No hay nada más complejo que la democracia, pero a la vez la democracia se sostiene sobre el reconocimiento de verdades no complejas: la libertad, el respeto al individuo, la idea de que la cien...</description><comments>http://ismaelgrasa.blogia.com/2008/070901-fin-de-un-secuestro.php#comments</comments>
	<pubDate>Wed,  9 Jul 2008 10:42:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">         </span>No hay nada más complejo que la democracia, pero a la vez la democracia se sostiene sobre el reconocimiento de verdades no complejas: la libertad, el respeto al individuo, la idea de que la ciencia y la cultura nos hacen mejores, el acatamiento de una tradición legal&amp;hellip; Los que atacan la democracia suelen ampararse en la idea de que todo es más complejo de como se nos quiere hacer creer, y en que siempre hay cosas que no aparecen en los medios de comunicación y que son las que realmente explican los hechos. De modo que uno cabalmente nunca se puede alegrar por una buena noticia, o entristecerse por una mala, sino que uno está condenado a abandonarse a la apatía de un proceso infinito de causas, cuando no al cinismo o a un deseo implícito de autoritarismo. Lo bueno de la liberación de Íngrid Betancourt y sus compañeros secuestrados no ha sido solo que hayan logrado la libertad, que es lo primero, sino también que haya habido tanta alegría manifestada pública y abiertamente, una lluvia de artículos de prensa y abrazos que nos sitúan en un punto que, por más que esté cargado de matices, nos hacen ver a las claras lo esencial: que una mujer, dedicada a la política, ha sido liberada de un secuestro inmundo.</span></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">         </span>La claridad con que Betancourt se ha expresado nada más bajar del helicóptero liberador, su nitidez en los afectos y en las ideas (la defensa de la democracia, el agradecimiento a las fuerzas armadas que representan el ámbito de la ley, el desprecio moral intacto hacia sus secuestradores, su prisa por reencontrarse con sus seres queridos&amp;hellip;), nos devuelven de pronto la esperanza de una Latinoamérica alejada de los patrones románticos de revoluciones y dictaduras populistas. Y ha sido también significativo el que Betancourt agradeciese una intervención militar, aun a sabiendas de que se ponía en peligro su vida.</span></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">         </span><span style="mso-spacerun: yes;"> </span>Este domingo, ordenando libros en mi casa, di de pronto con uno dedicado a ensalzar a Manuel Pérez, el Cura Pérez, aquel sacerdote aragonés que combatió con la guerrilla en Colombia. Desde que recuerdo haber oído hablar de él, cuando era un adolescente, siempre se ha tratado de comentarios admirativos o complacientes. Se podrá decir que aquellos eran otros años, que los paramilitares cometían entonces toda clase de abusos, que la desigualdad social en Colombia era inmensa y oprobiosa, etcétera. Pero la &amp;ldquo;comprensión&amp;rdquo; de los contextos, de las situaciones, no nos libra de poder emitir juicios. No nos libra de hablar del mal. El Cura Pérez se equivocaba. Y, puesto que no tengo espacio en mi casa para muchos libros, no he dudado en desembarazarme, junto a otros títulos, de ese ejemplar.</span></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">         </span>Nada más ser liberada Betancourt oímos toda clase de teorías: que en realidad sí hubo disparos y muertos, que detrás de la maniobra de rescate estaban la CIA y los israelíes, que secretamente se pagó tal o cual cantidad de dinero para que les dejasen escapar&amp;hellip; Algunas cosas han resultado ser ciertas, como la intervención de especialistas norteamericanos e israelíes; otras han sido desmentidas, como el pago del rescate; otras han resultado ser falsas, como el tiroteo oculto. En teoría de la ciencia se sigue la práctica de elegir, entre dos hipótesis explicativas de un fenómeno, la más sencilla. Era más sencillo pensar que no hubo disparos a que en los veinte minutos de trayecto del helicóptero se llegase a un pacto de silencio entre todos los liberados, con una versión de los hechos que todos deberían memorizar y repetir hasta el final de sus días&amp;hellip; La democracia se apoya en cierta simpleza o, si así lo quieren llamar, cierta ingenuidad: la de creer que alguien, en algún momento, dice la verdad. Esa es su fuerza.</span></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;"></span></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: right;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-size: x-small; font-family: Times New Roman;"><em>Heraldo de Aragón</em>, Huesca, 8.7.08</span></span></p>	
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<title>PEPÍN: AMIGOS Y DISTANCIAS</title>
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	<pubDate>Wed,  2 Jul 2008 17:14:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Leyendo &amp;ldquo;La desesperación del té (27 veces Pepín Bello)&amp;rdquo;, he tenido momentos de disfrute que me hacían pensar en los que tuve viendo la película-conversación &amp;ldquo;La silla de Fernando&amp;rdquo;, en la que durante hora y media Fernando Fernán Gómez habla sobre unas cosas y otras. &amp;ldquo;La silla de Fernando&amp;rdquo;, de David Trueba y Luis Alegre, se pudo ver hace unas semanas en Huesca; &amp;ldquo;La desesperación del té&amp;rdquo;, de José Antonio Martín Otín, conocido como Petón, se presenta hoy en una librería de Zaragoza. Uno de los presentadores es precisamente Luis Alegre, que hablará del libro junto al periodista Mario Ornat. De este libro sobre Bello, que ya nombré en esta sección, me ha gustado el hecho de que vaya más al hombre que al &amp;ldquo;testigo&amp;rdquo;, es decir, a José Bello que al joven que acompañó en sus inicios a Lorca, Buñuel y Dalí. Los testimonios y anécdotas sobre estos tres creadores ocupan una parte muy reducida de este libro-entrevista. El Bello que aparece es un cultivador profesional de la amistad que desarrolla a lo largo de su vida un criterio sobre cuestiones de pintura y literatura. Inevitablemente, hay momentos en el libro donde Bello se muestra distante o disconforme con algunas figuras célebres, una disconformidad que deja ver toda una filosofía sobre la vida: dice que no le gusta la prosa de Juan Benet, a quien conoció y por quien, por otra parte, muestra afecto y admiración profesional como ingeniero; no le gustan las bravuconadas de Cela, como cuando se despachó de Lorca diciendo que era un &amp;ldquo;maricón&amp;rdquo;; de los autores del 27, que tanto admiraba y conocía, y con quienes practicó una relación íntima &amp;ndash;este sí que es uno de los ejes del libro&amp;ndash;, se muestra desdeñoso con Cernuda, a quien admira como poeta pero no como persona; Bergamín es uno de los que salen peor parados en el libro, con unas oscilaciones ideológicas y una inestabilidad que acabaron convirtiéndole en alguien peligroso (uno de los pasajes más terribles del libro es cuando Bello, acompañado de Bergamín y Alberti, visita la checa que había en el palacio de Heredia-Espínola con el miedo latente de no salir de ahí, aunque tuviese al lado a sus supuestos amigos); Alberti aparece como uno de los grandes amigos de Bello, hasta el momento en que este poeta se junta con María Teresa León y comienza su deriva comunista; la captación comunista da lugar a otras decepciones en Bello, casos tristes como el del zaragozano Juanito Vicens, muerto en China cuando hacía proselitismo del partido; y, por poner fin a esta lista, podemos nombrar a Unamuno, que aparece en el libro como alguien ensimismado e incapacitado para el humor y la charla, más allá de algún episodio de carácter escatológico, como el Taponal que le vendió un farmacéutico una vez que pasaba por Barbastro, y que él citaba inoportunamente como anécdota de comedor.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         El libro está lleno de pasajes y personajes oscenses: la descripción del Casino, los buitres de Alfándiga &amp;ndash;fuente de la atracción vanguardista española hacia lo putrefacto&amp;ndash;, el paludismo monegrino, los paseos por el embalse de la Sotonera, la residencia de Almudévar donde se le murió un sobrino cuando iba en bicicleta, Carmen Coarasa, novia de su hermano Manuel Bello, el Manuel Ara de la escuela de vuelo sin motor de Monflorite, con quien Antonio Bello daba la vuelta a España en avión, la Huesca de Sender y el diario &amp;ldquo;La Tierra&amp;rdquo;&amp;hellip; Bello se lamenta de no haber conocido a Sender, teniendo tantos amigos comunes como tenían. Dice que a Sender no le dieron el Nobel &amp;ldquo;porque no solía llevar pistola&amp;rdquo;, y cuenta cómo Sender se enfrentó a Cela cuando este mostró desprecio por los Estados Unidos. Igual que sucede con la amistad, los buenos libros llevan a otros libros.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"> </p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: right;"><span style="font-size: x-small;"><em>Heraldo de Aragón</em>, Huesca, 1.7.08</span></p><p> </p>	
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<title>PUENTES AL PASADO</title>
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		<description>         Ya nombré en esta sección un ensayo publicado esta primavera: &amp;ldquo;La tiranía de la penitencia (Ensayo sobre el masoquismo occidental)&amp;rdquo;, de Pascal Bruckner. Una de las tesi...</description><comments>http://ismaelgrasa.blogia.com/2008/062601-puentes-al-pasado.php#comments</comments>
	<pubDate>Thu, 26 Jun 2008 15:12:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://ismaelgrasa.blogia.com/upload/20080626152435-euro2.jpg"  class="center" alt="20080626152435-euro2.jpg" /><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Ya nombré en esta sección un ensayo publicado esta primavera: &amp;ldquo;La tiranía de la penitencia (Ensayo sobre el masoquismo occidental)&amp;rdquo;, de Pascal Bruckner. Una de las tesis que articulan el libro es la de que Europa parece haberse instalado en una mala conciencia postcolonial y postbélica que le impide actuar y que la mantiene en una perpetua duda, una reivindicación autodestructiva de la tolerancia (de la tolerancia con la intolerancia, me refiero: el respeto a lo &amp;ldquo;diverso&amp;rdquo;, aunque sea incompatible con la democracia, con los derechos de la mujer o con la autonomía intelectual, como quedó patente en la crisis de las viñetas danesas sobre Mahoma) y una renuncia a defender abiertamente los valores que han guiado a Occidente, los ideales explícitos y las palabras solemnes: la defensa de la razón, de la libertad, del individuo&amp;hellip; Como se nos enseña, la ley no es tal si no existe un poder de coacción que la respalde. Europa, según va explicando Bruckner en su ensayo, ha dejado a los Estados Unidos aquella responsabilidad coactiva. Se deja en sus manos el proyecto de hacer expansivos los valores ilustrados y el combatir las zonas oscuras, se deja en sus manos la inocencia de las palabras y de los discursos (yo he simpatizado más con el proyecto de Hillary Clinton que con el de Obama, pero reconozco que no dejaba de seducirme cierto aire clásico de los discursos de Obama), mientra Europa se estanca en un resabiamiento enfermizo. Bien es verdad que Bruckner, después de haber retratado con finura el antiamericanismo europeo, cae en las últimas páginas en algunas contradicciones, y acaba asomando una nostalgia por el predominio francés del mundo y una reivindicación del cierre europeo de fronteras que quizá desoriente al lector que le ha seguido hasta ese capítulo final. Ni que decir tiene que nuestro presidente Zapatero, con su modelo intelectual de &amp;ldquo;alianza de civilizaciones&amp;rdquo;, aparece retratado en el libro como un síntoma más de esta mala conciencia que, desde un supuesto progresismo, relativiza los logros de la ciencia y la democracia.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Bruckner hace mención a un detalle, que era por lo que en realidad quería hablar de él. Se refiere a las imágenes que aparecen en los billetes de euros: arquitectura de puentes, arcos y puertas. Bruckner dice que esto habla de una Europa que ha creado una especie de vacuidad, una nada transitable, un gran &amp;ldquo;salón de los pasos perdidos&amp;rdquo;. Dice Bruckner: &amp;ldquo;Han quedado fuera las figuras de Shakespeare, Cervantes, Rembrandt, Vinci, Goethe, Dante, Pascal o Voltaire&amp;rdquo;. Representan a hombre blancos, y por tanto culpables, ocultables: DWEM (Dead White European Males). Quizá lo que más me ha gustado del libro de Bruckner es su antiadanismo, la idea que va desarrollando de que el asumir los propios errores no nos debe hacer perder de vista los logros alcanzados. Si se piensa, el billete de dólar está plagado de símbolos que podrían considerarse discriminatorios o vergonzantes, empezando por el lema impreso en que se hacer referencia a la confianza puesta en Dios. Pero no parece que eso haya paralizado el impulso de esta moneda. Los euros, ciertamente, no ofenden a nadie, pero a cambio de renunciar a transmitir cualquier clase de valor o de contenido. Un puente no es en sí mismo un valor. Lo es en cierto sentido, qué duda cabe, pero en la medida en que conduce a algo, a un Goya o a un Montaigne. Un puente no es solo un encuentro, es también un acceso.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Bruckner acaba defendiendo la existencia de un ejército europeo fuerte y una política europea de fronteras y antiexpansionista. Esto último es con lo que más me cuesta estar de acuerdo. Como decían los escolásticos (tan sonrojantes, tan de esconder), el bien es difusivo.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;"></span></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: right;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-size: x-small; font-family: Times New Roman;"><em>Heraldo de Aragón</em>, Huesca, 24.6.08</span></span></p>	
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<title>EL FÚTBOL Y LA CIUDAD</title>
	<link>http://ismaelgrasa.blogia.com/2008/061801-el-futbol-y-la-ciudad.php</link>
		<description> Los del Huesca no olvidaremos nunca del partido de fútbol que este domingo pudimos ver por la televisión, nuestro equipo clasificándose en Segunda. Diré que con el tiempo, ya algo mayor, he ido aficionándome a...</description><comments>http://ismaelgrasa.blogia.com/2008/061801-el-futbol-y-la-ciudad.php#comments</comments>
	<pubDate>Wed, 18 Jun 2008 09:28:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;"></span></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;"> </span></span></p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; text-align: justify;">Los del Huesca no olvidaremos nunca del partido de fútbol que este domingo pudimos ver por la televisión, nuestro equipo clasificándose en Segunda. Diré que con el tiempo, ya algo mayor, he ido aficionándome al fútbol. El fútbol, el seguir los encuentros los domingos, el ir al campo, forman parte de mi felicidad, de un ámbito afectivo del que no querría desprenderme. Aunque tengo que decir que este año se han complicado las cosas para mí: el Zaragoza, que ha sido mi equipo de primera, va a jugar esta temporada en la misma división que el Huesca. Siempre he dicho que uno no puede ser aficionado de dos equipos. Ahora tengo que reconocer que las cosas no son siempre tan sencillas. Digo esto, de todos modos, desde la celebración. Cuando acabó el partido este domingo crucé llamadas telefónicas con amigos de Huesca, entre ellos Javier Tomeo, que siempre que habla de sus veranos oscenses de juventud se refiere a los meses en que el Huesca preparaba su temporada en el campo de San Jorge. Tomeo llegó a entrenar y jugar con aquellos jugadores. Tomeo siempre ha contado que su primer texto publicado fue la crónica de un partido del Huesca en Barcelona, en el campo de San Andrés, cuando todavía era un bachiller.</p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         El fútbol me parece noble y bello. Cuando estoy en el campo, frente al rectángulo de hierba, me siento en continuidad con los espectadores de Delfos, cuando los atletas de las polis griegas competían entre sí. Es falaz decir que el fútbol despierta el lado violento de las personas: ¿qué otra clase de concentración de decenas de miles de personas, apretadas unas con otras, de toda clase de oficios, se salda más pacíficamente que un encuentro de futbolístico? A veces parece milagroso este civismo, teniendo en cuenta que lo que sucede en el campo es algo que apasiona vivamente a los que están en las gradas. La democracia siempre ha ido acompañada del enfrentamiento deportivo.</p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Por otra parte, si lo pienso, tiendo a identificarme más con equipos que representan a ciudades que los que representan a territorios o países. Me alegraré, desde luego, si España gana la Copa de Europa, aunque quizá no en el mismo sentido que si lo hacen mis equipos de ciudad. Tal vez porque entiendo que la ciudad es mi espacio de libertad, un espacio que no tiene ni idioma propio ni identidad. Todas las ciudades del mundo, como se dice, forman una misma ciudad. Y la competencia entre ellas, el ir paseando al campo de fútbol, el pasar el dedo con delectación por las costura en relieve del escudo del equipo, el sentarse a ver el juego al aire libre, es algo de lo que he aprendido a disfrutar. No sé si esto me hace mejor persona, pero sé que no me hace peor.</p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Diré, además, que para muchas personas que viven en una ciudad el campo de fútbol, con su extensión verde, es un modo de vivir la naturaleza. No lo digo en broma. Suele ser difícil aparcar el coche cerca de los campos de fútbol cuando hay partido, por lo que muchos aficionados van caminando con sus hijos o amigos, con una gorra puesta, a través de distancias que, de estar en el monte, no dudaríamos en llamar &amp;ldquo;excursión&amp;rdquo;. Eso y el estar en la grada bajo el sol o la lluvia. Por otra parte, me sumo a la idea de que no hay nada más respetuoso con la naturaleza que la vida en ciudad.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Entiendo que haya personas a las que no les guste el fútbol, pero no que estén en contra del fútbol. No es el caso de las corridas de toros: entiendo que haya personas a quienes les parezca indecoroso ese jugarse la vida con temeridad &amp;ndash;lo de José Tomás&amp;ndash;, el sacrificio humano, la reivindicación de supuestas esencias nacionales, de lo irrepetible, el torero sucio de sangre a hombros entre los coches&amp;hellip; El fútbol es universal como la libertad.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"> </p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: right;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-size: x-small;"><em>Heraldo de Aragón</em>, Huesca, 17.6.08</span><span style="font-family: Times New Roman;"></span></span></p>	
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<title>BOLAS DE BILLAR</title>
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		<description>    Han confluido algunos motivos oscenses en mi fin de semana. El viernes por la mañana era el último día en que los alumnos de segundo curso de bachillerato, al menos en mi colegio, pisaban oficialmente la clase....</description><comments>http://ismaelgrasa.blogia.com/2008/061101-bolas-de-billar.php#comments</comments>
	<pubDate>Wed, 11 Jun 2008 22:43:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p><span style="font-size: 10pt; color: #444444; font-family: Verdana;"><span style="text-decoration: underline;"></span><span style="font-size: 10pt; color: #444444; font-family: Verdana;"><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"> </p></span></span><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><br />   Han confluido algunos motivos oscenses en mi fin de semana. El viernes por la mañana era el último día en que los alumnos de segundo curso de bachillerato, al menos en mi colegio, pisaban oficialmente la clase. Esta semana se examinan ya de la Selectividad. El viernes el colegio donde trabajo les hizo un pequeño homenaje de despedida y aprovechó para entregarles los libros de escolaridad junto con una fotografía de la promoción. Miguel Ángel D., uno de mis alumnos más brillantes, se acercó para enseñarme uno de los sellos que aparecían en su libro, que era el de San Viator de Huesca: esa esquina angulada del edificio, algo expresionista, que hace de logotipo. Miguel Ángel hizo ahí sus primeros estudios. Aquello me hizo ilusión y pensé en mi padre y en todos mis compañeros que pasaron por ahí. Por la tarde fui a Huesca a la Feria del Libro. <br />       Por cierto, una especie de spam de mi correo electrónico ha enviado a todos mis contactos de agenda, más de trescientos, una especie de solicitud de amistad. Esto se hace de forma automática, sin mi permiso, quiero decir. De hecho, ya había recibido alguno de estos mensajes unas semanas atrás, hasta que abrí uno de ellos, que ha sido la causa de lo que vino después: correos diarios preguntándome de qué trata el mensaje que han recibido de mi parte. Entre ellos, algunos han venido de antiguos compañeros de San Viator, como el de Luis Ángel Lozano. He tenido que repetir que todo esto no es más que una especie de virus, pero el caso es que he aprovechado para mandar saludos a personas de las que hacía mucho tiempo que no sabía nada, y que estaban latentes en mi lista de contactos. Si digo la verdad, me han ofrecido incluso un trabajo a partir de todo este equívoco. Como dice el refrán, no hay mal...</p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt;">      El viernes Ignacio Martínez de Pisón estuvo firmando en la Feria del Libro de Huesca. Martínez de Pisón quería ir antes a la tienda La Confianza, porque las señoras que atienden el negocio &amp;ndash;el otro día estaba Bibí, aunque no suele ser la que atiende habitualmente&amp;ndash; son primas del compañero de mesa de billar con el que desde hace años este escritor se junta semanalmente en Barcelona. Martínez de Pisón, bajo el techo pintado de León Abadías, compró para regalar unas cajas de galletas con la forma de las pajaritas de Ramón Acín. En la cajita de los dulces, dentro, aparece una explicación breve y entrañable sobre las pajaritas y la moda de la papiroflexia en el primer tercio del siglo pasado, se cita a Unamuno entre todas esas cabezas de pajaritas con cobertura de chocolate.</p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt;">       El domingo seguí en la televisión el partido del Huesca contra el Écija, por el que ya estamos a un paso del ascenso histórico a segunda división A. Por sms tuve que hacer la crónica del encuentro a otros oscenses que estaban esa tarde en la Feria del Libro o fuera de Aragón. Después del partido estuve leyendo el libro que José Antonio Martín Otín, Petón, ha escrito sobre Pepín Bello en Pre-Textos: &amp;ldquo;La desesperación del té (27 veces Pepín Bello)&amp;rdquo;. Es un libro realmente singular, lleno de anécdotas, y con un pie puesto en lo deportivo, lo que casa muy bien con el ambiente juvenil y vanguardista de la Residencia de Estudiantes que se describe. El relato que hace José Bello de su primera entrada en el Casino de Huesca es ilustrador de lo que ese edificio significaba, en su condición de ventana al mundo, con sus suscripciones de prensa, sus tertulias y su mesa de billar. El libro recoge la fotografía del homenaje que se le hizo en el Casino hace unos años, cuando existía la revista Trébede. Bello posa de pie en el espacio que ocupaba la antigua mesa de billar, aquellas bolas que él comparaba con el limpio orbitar de los satélites.</p></p><p style="text-align: right;"><span style="font-size: x-small;"><em>Heraldo de Aragón</em>, Huesca, 10.6.08</span></p>	
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<title>ESPECIES EN EXTINCIÓN</title>
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		<description>            Un amigo mío que es todo un tratadista sobre la mala conciencia me ha recomendado que lea &amp;ldquo;La tiranía de la penitencia. Ensayo sobre el masoquismo occidental&amp;rdquo...</description><comments>http://ismaelgrasa.blogia.com/2008/060301-especies-en-extincion.php#comments</comments>
	<pubDate>Tue,  3 Jun 2008 23:22:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;"><span style="font-size: small;">  </span></span></span></span><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;"></span></span></span></span><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;"></span></span></span><span style="mso-tab-count: 1;"></span> </span></p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Un amigo mío que es todo un tratadista sobre la mala conciencia me ha recomendado que lea &amp;ldquo;La tiranía de la penitencia. Ensayo sobre el masoquismo occidental&amp;rdquo;, de Pascal Bruckner. Lo empecé a leer anoche y no me resisto a recomendarlo ya aquí, aprovechando que estos días son los de la Feria del Libro de Huesca. Es un ensayo sobre el antioccidentalismo, un producto típicamente occidental. Sobre el sentirnos culpables de todos los males del mundo y la idea heredada de que cualquier paso adelante del primer mundo es a costa del tercero. Este sentimiento de culpa lleva al silencio de occidente, a que renuncie a pronunciarse abiertamente, cediendo la voz, se quiera o no, a toda clase de integristas religiosos, indigenistas visionarios y redentoristas varios. Bruckner, ya en las primeras páginas, cita al presidente Zapatero como un ejemplo de los líderes europeos que se alinean con este tipo de voces débiles o acomplejadas: trae el caso de que Zapatero, por no ofender, renunciase a utilizar en público la expresión &amp;ldquo;terrorismo islámico&amp;rdquo;, y prefiriese decir &amp;ldquo;terrorismo internacional&amp;rdquo;. La expresión &amp;ldquo;terrorismo internacional&amp;rdquo; tiene la ventaja, además, de dar a entender en cierto modo que tan terroristas son los de un lado como los del otro, incluido Estados Unidos y quienes les secundan. De hecho, podría decirse, los verdaderos terroristas somos nosotros, no los que ponen bombas en los trenes, etcétera.</p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         A propósito de todo esto venía este fin de semana una noticia que, en los términos en que aparecía escrita, resulta muy ilustrativa. Hablaba de las tribus del Amazonia que no han tenido contacto alguno con &amp;ldquo;el hombre blanco&amp;rdquo; &amp;ndash;no es una ironía, utilizo la expresión que escribió el redactor anónimo de la agencia EFE, posiblemente un hombre blanco también&amp;ndash; y que tienen que abandonar sus territorios por la presión de las industrias madereras del Perú. Los indios, se nos dice, &amp;ldquo;que no saben de fronteras&amp;rdquo;, acusándonos a los que sabemos de ellas, se desplazan hacia las selvas amazónicas de Brasil, que tiene como presidente a Lula, que no es tan bueno como parecía que iba a ser, pero que todavía, y pese a los casos de corrupción que le han salpicado, sigue haciéndose respetar entre un buen sector de los occidentales culpabilizados. Además, los brasileños no hablan español, la lengua de los conquistadores, lo que también les hace un poco menos culpables. Bruckner habla también del complejo del buen indígena amazónico y cita al antropólogo Lévi-Strauss, que forma parte de la patrística antioccidentalista.</p><p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         La noticia de los indios que no han tenido contacto con la civilización, a decir verdad, no se difundió este fin de semana porque sí, sino porque les habían tomado unas vistosas fotografías desde una avioneta. Se les ve con las pinturas de guerra, enseñando sus arcos y lanzas, retadoramente, hacia el piloto. Esta es la verdad de la noticia, ese testimonio gráfico al que acompañamos con una retórica que palie nuestra mala conciencia de mirar desde una ventanilla. Una retórica cínica. Una fotografía que coincide en el fin de semana con las de fósiles exóticos de peces extinguidos.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Una tribu es un fósil de nosotros mismos, pero las tribus son de personas, y estas deberían ser tratadas con dignidad. Quiero decir que sería bueno pensar en ofrecerles alfabetización y acceso a la sanidad. Ese idílico &amp;ldquo;no conocen fronteras&amp;rdquo; equivale a un &amp;ldquo;no conocen leyes&amp;rdquo;, que son precisamente el instrumento que garantiza nuestra libertad. Si de algo tenemos que tener mala conciencia no es de haber acabado con eso modos de vida primitivos, sino más bien de consentir que siga habiéndolos. &amp;ldquo;Esos pueblos son únicos&amp;rdquo;, se nos informa. Como la bucarda del Pirineo.  </p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"> </p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-size: small; font-family: Times New Roman;"></span></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: right;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="font-size: x-small;"><em>Heraldo de Aragón</em>, Huesca, 2.6.08</span> <span style="mso-spacerun: yes;"> </span></span></span></p>	
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</item><item>
<title>EUROVISIÓN</title>
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	<pubDate>Wed, 28 May 2008 12:17:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;"> </span>        Eurovisión forma parte de la Transición española. También del franquismo, desde luego, pero de una clase de franquismo televisivo y bailable que, junto al fenómeno del turismo, era natural que acabase dando paso a otra cosa, como sucedió. La conexiones en directo con los diferentes países, los saludos cruzados en todas las lenguas europeas, ha sido de hecho la experiencia más europea, visual y televisivamente, es decir, real, que hemos tenido durante décadas. La otra sería el saludo navideño del Papa &amp;ndash;¿era por Navidad?&amp;ndash;, ese decir unas palabras en diferentes lenguas. Pero, como espectáculo, aunque no está mal, no lo iguala. O el concierto de año nuevo en Viena, con la marcha Radetzky, que resulta elegante pero escasamente políglota y diverso. Luego ha resultado que Europa ha cambiado, y con ella Eurovisión: la entrada en masa de los países ex comunistas del este. De algún modo, ellos están viviendo también ahora una transición, y han abrazado con entusiasmo este festival, hasta el punto de que quizá lo asfixien. Reino Unido ya ha avisado de que, de seguir así el sistema de votación, con las alianzas entre los nuevos países, quizá deje de participar. En esta línea de cierto desencanto por lo previsible de los resultados fueron los comentarios de Uribarri en Televisión Española, que convirtió las tandas de votaciones en una especie de quiniela particular, una broma salpicada por valoraciones que iban de la rijosidad al paternalismo. Pero a lo que voy con todo esto es que yo estoy con Eurovisión. Es verdad que la vi un poco por casualidad, y que no soy un seguidor fan, pero el rato que vi bastó para convencerme de que sigue siendo un programa anual de televisión válido y poderoso. Me impresionó la seriedad con que desde Belgrado dispusieron la puesta en escena, las continuidades y las presentaciones. Se notaba que había mucha ilusión puesta en que todo saliese bien, hasta el derroche final de fuegos artificiales, algo que parecía significar algo más que el final de un concurso de canciones ligeras, un deseo de dejar atrás épocas y episodios tenebrosos. La fiesta de Eurovisión tiene algo de Año Nuevo europeo, con todos esos trajes brillantes y escotados y ese brindar y saludar hacia la cámara de los artistas en los backstages. Europa se relaja un poco en Eurovisión, se permite ser hortera, un mostrarnos unos países a otros un trozo de nosotros mismos que decoramos con entusiasmo, como encendemos todas las luces del salón cuando hay visita. Es, en este sentido, un espectáculo entrañable. Eurovisión nace en los años cincuenta del siglo pasado, a la vez que los existencialistas.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;">         Atendí a las últimas actuaciones del festival, entre las que estaba, por desgracia, nuestro Chikilicuatre. Es mucho mejor ser hortera, o muy hortera, como lo fueron los rusos ganadores, que no ser nada. Porque el personaje de Chikilicuatre ni siquiera es una parodia de algo. Es como un muñeco de ventrílocuo al que no viésemos quién le mete la mano en la espalda. Sí, están los de El Terrat y Buenafuente y los demás, pero como invento no deja de resultar siniestro y servil. El ventrílocuo tradicional suele escenificar cómicamente la doble moral de un país: el muñeco dice lo que no se puede decir. El actor que hace de Chikilicuatre, por contrato, no puede conceder entrevistas ni aparecer en público desprendido de su disfraz y sus guionistas. Como fórmula me resulta incómoda, como espectador no me hace gracia. Riéndonos pretendidamente de lo cutre, hemos hecho el ridículo. Me imagino a ese actor paseando su maquillaje entre todos esos cantantes ilusionados, ese mundo real de sentimientos y decepciones. No sé lo que le pagarán a ese actor. Seguramente ni siquiera mucho.</p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-size: small;"></span></span></p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: right;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-size: x-small;"><em>Heraldo de Aragón</em>, Huesca, 27,5.08</span></span></p>	
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</item><item>
<title>DISEÑO NATURAL</title>
	<link>http://ismaelgrasa.blogia.com/2008/052101-diseno-natural.php</link>
		<description>         Si con dieciséis o diecisiete años un profesor hubiese preguntado en mi clase cuáles eran las principales amenazas o problemas de la humanidad, sin duda hubiese aparecido, entre la...</description><comments>http://ismaelgrasa.blogia.com/2008/052101-diseno-natural.php#comments</comments>
	<pubDate>Wed, 21 May 2008 00:50:00 -0500</pubDate>
<category>Sin tema</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-family: Times New Roman;"></span></span></p><span style="font-size: 14pt;"><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;"><span>  <span style="font-family: Times New Roman;"> <span style="font-family: andale mono,times;"> </span></span><span style="font-family: andale mono,times;">     </span></span></span></span></span><span style="mso-tab-count: 1;"></span><span style="font-family: andale mono,times;">Si con dieciséis o diecisiete años un profesor hubiese preguntado en mi clase cuáles eran las principales amenazas o problemas de la humanidad, sin duda hubiese aparecido, entre las primeras, la energía nuclear y la guerra atómica. Hoy el profesor soy yo y cuando hago esa pregunta en clase la amenaza es el llamado &amp;ldquo;cambio climático&amp;rdquo;, como cabía esperar. Nadie nombra la guerra atómica, todo aquello que se nos repetía de la potencia de los arsenales nucleares del planeta, su capacidad para acabar con no sé cuántos planetas como el nuestro. Al revés, la energía nuclear es vista en no pocos casos como una alternativa energética apenas dañina para la atmósfera y que, hoy por hoy, puede colaborar en el desarrollo de países pobres. Una de las cosas más interesantes del documental que se hizo como contestación a &amp;ldquo;Una verdad incómoda&amp;rdquo; es el estudio de las consecuencias que tendría en el Tercer mundo el hacerles renunciar a otras fuentes de energía que no sean las llamadas &amp;ldquo;renovables&amp;rdquo;: perpetuación en su miseria, su analfabetismo y emigración de los más aptos o audaces. Hace un par de semanas Eduardo Punset hacía unas reflexiones interesantes, en el suplemento que acompaña a este periódico los domingos, sobre cómo vemos la tecnología, y en nuestro empeño en percibirla a menudo como una amenaza cuando precisamente quizá sea nuestra posibilidad de hacernos viables como especie, e incluso de hacer viable la biodiversidad.</span></span></span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: andale mono,times;">         Tendemos a pensar mitológicamente, teológicamente, de modo que entendemos que la Tierra &amp;ldquo;nos ha sido dejada&amp;rdquo;, una forma pasiva que elude un enigmático &amp;ldquo;por&amp;rdquo;. O que la naturaleza &amp;ldquo;se venga&amp;rdquo;, o se &amp;ldquo;queja&amp;rdquo;, o expresiones similares. Evidentemente que hay equilibrios naturales que se modifican, pero tendemos a dar a la naturaleza formas personales y a proyectarnos en ella con nuestras culpas, algo tan viejo como la creencia primitiva de que los terremotos o erupciones volcánicas respondían a alguna clase de enfado divino. Tenemos una responsabilidad con nuestros hijos y descendientes, pero no con ninguna clase de destino natural. Punset se preguntaba también en ese artículo por qué tendemos a confiar en el diseño ciego de la naturaleza, y no en el diseño, también natural pero inteligente, de la mente humana.</span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: andale mono,times;">         Estamos llenos de &amp;ldquo;lapsus&amp;rdquo; teológicos. Un libro de texto que manejo de Filosofía se pregunta en uno de los apartados si el salto de la inteligencia animal a la humana es meramente cuantitativo o cualitativo. Me parecía un texto normal, hasta que una alumna se empeñó en que le explicase qué quería decir realmente en esa frase &amp;ldquo;cambio cualitativo&amp;rdquo;, y también el &amp;ldquo;meramente&amp;rdquo; de cuantitativo. Tuve que reconocer que, ciertamente, dos siglos después de Darwin, seguimos pensando que hubo un instante en que algún tipo de varita mágica o sobrenatural tocó al hombre, la especie elegida. Los autores del libro &amp;ldquo;La especie elegida&amp;rdquo;, los antropólogos Arsuaga y Martínez, hablan precisamente de los prejuicios que encierra la frase &amp;ldquo;el hombre viene del mono&amp;rdquo;, como si el hombre hubiese dejado de ser un mono, aunque sea peculiar.</span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size: medium; font-family: andale mono,times;">         Estamos rodeados de dudas y de equívocos. Algunos dirán que es el hecho moral lo que diferencia a las personas, pero lo cierto es que la inteligencia es también moral. La tecnología es una muestra de nuestra moralidad y de nuestra valentía. La evolución en Darwin es pasiva, las especies se adaptan pasivamente a los cambios. En ella no interviene el individuo, las cosas suceden como un cauce de agua que se abre paso. En ella no hay mal ni bien. Pero nosotros, los hombres, sabemos que lo hay, y que nadie hará por nosotros cada acto de bondad, de aventura y de generosidad que dejemos por hacer.</span></p><p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"> </p><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: right;"><span style="font-size: x-small;"><em>Heraldo de Aragón</em>, Huesca, 20.5.08</span></p>	
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