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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2009.

Resumen

GOYA DESDE CLAUSEWITZ

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         Recientemente se daba la noticia de que la exposición Goya y el mundo moderno, que se hizo en el Museo Provincial de Zaragoza y de la que fueron comisarios Concha Lomba y Valeriano Bozal, se podrá ver también en Milán el año que viene. Mientras leía el libro de Nil Santiáñez, “Goya/Clausewitz. Paradigmas de la guerra absoluta”, pensaba que este texto sería un complemento muy oportuno para esta exposición por algunas de las ideas que el autor va desarrollando, sobre todo al final: con la serie Los desastres de la guerra Goya siembra una semilla que saldrá a la luz en el siglo XX, con las guerras mundiales y la vanguardia. Goya, según Santiáñez, asume los postulados de la guerra absoluta que describe el militar prusiano, y tratadista de la guerra, Carl von Clausewitz, y es capaz de expresar artísticamente esta nueva dimensión bélica. El autor explica que durante el siglo XIX, sin embargo, las representaciones de la guerra, como los lienzos de Fortuny sobre la guerra de África o los de Homer sobre la Guerra de Secesión estadounidense, se corresponden todavía con el modelo clásico de conflicto bélico y su iconografía. El libro de Nil Santiáñez consiste en vincular la estética y los presupuestos morales de la serie de grabados Los desastres de la guerra con el concepto de “guerra absoluta” que Clausewitz describe en su obra “De la guerra”: una guerra que ya no es la de una dinastía o gobierno contra otro, con sus ejércitos profesionales, en las lindes del campo de batalla, sino una guerra de geografía global, que incluye a la población civil; una guerra de reclutamientos en masa –como hizo Napoleón–, una guerra de naciones –nadie queda fuera de ella–, una guerra en la que todo está permitido y en la que el campo de batalla es cualquier lugar. Una guerra que daría lugar al horror total, a la pérdida de referencias y a la demencia que, según el autor, transmiten las estampas de Goya.

         El libro de Santiáñez se lee con claridad y fluidez, pese a que en un primer vistazo pueda parecer un texto lleno de referencias, mayúsculas y lenguaje académico.  Se refiere también a nuestra época actual, estudia el desarrollo de la guerrilla y del terrorismo como continuaciones del concepto de “guerra absoluta” –Mao, el Che o Lenin fueron lectores de Clausewitz–, y acaba analizando la Guerra Fría y su posibilidad de destrucción atómica como culminación del proceso.

         Santiáñez describe la serie de grabados de Goya como una guerra sin lugar propio –no hay ningún edificio identificable en ellas–, de pesadilla, sin héroes ni referentes morales. Algo que se escapa al lenguaje, que no puede ser “dicho”, sino sólo “mostrado”. Un trauma que se continuará en las trincheras y el gas tóxico de la Primera Guerra Mundial, en los bombardeos sobre las ciudades, en el holocausto nazi, y al que darán expresión las vanguardias. El lector entonces se pregunta: ¿no ha de ser transitoria toda estética del trauma?, ¿puede convertirse en canónica una estética del trastorno? Aquí encuentro quizá el punto que me distancia de lo que la modernidad hace pasar como “goyesco”.

Nil Santiáñez, Goya/Clausewitz. Paradigmas de la guerra absoluta, 142 pág. Alpha Decay, 2009.

Artículo publicado en el suplemento Artes y letras de Heraldo de Aragón (14.5.2009)

16/05/2009 13:24 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

BLOOM Y EL DIOS AMERICANO

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            La religión americana trata sobre una de las especialidades de Harold Bloom, la crítica de la religión, en particular de las sectas y variantes religiosas norteamericanas. Un tipo de crítica especializada en el que apenas hay juicios de valor: Bloom va analizando los presupuestos religiosos y filosóficos que comparten los movimientos sectarios americanos, como es la conciencia de que el “yo” espiritual nativo es previo a la creación, o la base gnóstica de todos estos credos. De modo que el que busque en este libro un análisis de la Norteamérica actual a partir de sus fundamentalismos religiosos, o de su presencia en la vida económica y política del país –basta recordar la aparición constante de un ejemplar de la Biblia en la última toma de presidencia, la de Obama–, puede quedar en parte defraudado, pues lo que predomina es un análisis de los textos fundacionales de lo que el autor llama “la religión americana”, es decir, las sectas autóctonas -el mormonismo, la ciencia cristiana, el adventismo del Séptimo Día, los testigos de Jehová, el pentecostalismo- y los baptistas sureños. Por otra parte, hay que decir que el libro se publicó originariamente en 1992; posteriormente fue reeditado en los Estados Unidos, y es de este nuevo lanzamiento del que nos llega esta traducción al castellano. De hecho, en la escritura del libro está presente el horizonte del cambio de milenio y el asunto del milenarismo. Hay varias fronteras tras las cuales se ha quedado este libro, como es la del atentado del 11-S y el giro de la atención hacia el fundamentalismo islámico, algo que llega a aparecer en el libro, pero de un modo lateral. De modo que Bloom escribe este libro a cerca del adanismo de la religión americana desde cierto adanismo también histórico: Bloom parece pensar por momentos en una prolongación ininterrumpida de mandatos de gobierno republicanos, con una presencia cada vez mayor de los mormones, convertidos en algo parecido a una religión oficial norteamericana. Hay que decir que, afortunadamente, la parte de pronósticos sobre el futuro no parece ser el punto fuerte del libro.

            Harold Bloom lleva a cabo una tarea de “nacionalismo religioso” para analizar qué tiene de específica la religiosidad estadounidense, y por qué no se puede considerar estrictamente una extensión del protestantismo o el cristianismo europeos. Como he dicho, el autor se centra más en el análisis que en los juicios de valor, pero el hecho es que tampoco faltan: de los baptistas radicales dice que “son los herederos de la cruzada de Franco contra la inteligencia”, de los pentecostales, “la versión pura del chamanismo americano”, y de la Nueva Era dice que “es a la Religión Americana lo que La importancia de llamarse Ernesto de Oscar Wilde al teatro de Shakespeare”. Bloom habla de lo mucho que se ha aburrido leyendo los textos de Joseph Smith y del resto de los visionarios fundadores. Nos quedamos con la duda de si el esfuerzo valía realmente la pena. En todo caso, en el libro de Bloom no faltan momentos para el humor y para una erudición a ratos reveladora.

 Harold Bloom, La religión americana, Taurus, 2009, 288 pág.

Reseña publicada ayer en el suplemento Artes y letas de Heraldo de Aragón. Vuelvo a ponerla en el blog después de haberla eliminado accidentalmente. Imagen tomada de aquí.

16/05/2009 14:12 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

DIRTY MEN

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         Los tres relatos que forman este pequeño volumen, “Nilda”, “El sol, la luna, las estrellas” y “Otravida, otravez” fueron publicados en la revista The New Yorker y se presentan por primera vez conjuntamente en castellano. Está en ellos el mejor Junot Díaz, el Díaz de la colección de relatos “Drown”, traducida en España como “Los Boys”. Son tres relatos narrados en primera persona y en los que se cuentan vidas de inmigrantes dominicanos y ambientes mestizos, también en el idioma. Me han parecido tres cuentos estupendos. En ellos fluye la vida, contada de un modo sólo en apariencia fácil. Son historias de amor, de desamor y de frustración, de personas con trabajos humildes que siguen sujetos a leves esperanzas; de personas capaces de sentir piedad y de hacerse merecedoras de ella, en su sentido más digno, a ojos del lector.

         Los comienzos de estos relatos son significativos. Así el de “Nilda”: “Nilda era la novia de mi hermano. Así es como empiezan todas estas historias”. Se hace en esta historia el retrato de Nilda, una chica de vida sexual temprana y a la que le espera un deterioro también temprano. Es un relato sensual, humano, descarnado y conmovedor. Su romanticismo, su visión compasiva de estas mujeres descaradas y vulnerables, me ha recordado al John Fante de “Pregúntale al polvo”.

         En la primera página de “El sol, la luna, las estrellas”, uno de los relatos más reconocidos del autor, se lee: “No soy un mal tipo. (…) Magdalena no está de acuerdo. Me considera un típico hombre dominicano: un dirty bastard, un gilipollas”. Lo que sigue vale la pena.

 

Junot Díaz. Nilda. El sol, la luna, las estrellas. Otravida, otravez. Traducción de Daniel Gascón. Alfabia, 2009. 152 pág.

Reseña publicada en el suplemento Artes y Letras de Heraldo de Aragón.

31/05/2009 12:03 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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