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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2008.

Resumen

04/03/2008

CONTRA NATURA

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      La semana pasada citaba aquí al escritor Carlos Castán a propósito de la reedición de su “Museo de la soledad” (Tropo). Y esta semana quiero volver a hablar de él porque estos días se está distribuyendo en las librerías el tercer libro de este autor, “Sólo de lo perdido” (Destino), ocho años después de que publicase el anterior. “Frío de vivir” fue su primer libro, publicado en 1997. Los tres son volúmenes de relatos. Con ellos Carlos Castán se ha convertido en un autor destacado en este género. Desde Gracián y Sender (Tomeo es un caso distinto), no había vivido y escrito en Huesca un autor de esta categoría.

      He leído este fin de semana “Sólo de lo perdido” y he decir que, de sus tres libros, no muy diferentes unos de otros en una primera impresión, es el que más me ha gustado. Es un libro, por así decirlo, menos “lluvioso” que las dos anteriores colecciones de relatos. Los relatos de Carlos Castán suelen orbitar en torno a un momento de felicidad que trascurrió en el pasado, o en torno a la ilusión de que trascurrió. Han sido personajes que siguen respirando e irguiéndose cada mañana, pero que en realidad tienen su alma en otra parte, en un amor interrumpido, en unos días de música y alcohol que se detuvieron de pronto, en un sueño roto… Es como si este autor se hubiese venido sirviendo de esta clase de recursos, esas almas en aguacero, para transmitirnos la melancolía de vivir. Castán es un narrador de tono lírico, próximo al mundo de los cantautores a los que es aficionado y de los poetas. Sus relatos han venido siendo canciones tristes de amor y de soledad. Hasta se puede decir que tiene sus estribillos, pequeñas enumeraciones que, si bien no se repiten nunca igual, se presentan reconocibles al lector. Hay cierto hedonismo de la tristeza, del tabaco, del desorden de los discos tirados por el suelo y de las sábanas revueltas de la cama sobre la que se ha amado. El caso es que nos gusta oír esas canciones, que son a la vez un retrato generacional de los que, por edad, transitaron del final del franquismo a la democracia.

       “Sólo de lo perdido” continúa teniendo algo de resaca de un pasado, de legaña sentimental, pero incorpora asuntos nuevos, parece que el autor toma un distanciamiento mayor consigo mismo, es el libro de un escritor más libre aún y experimentado. Su lectura me ha dejado la impresión de que lo importante ya no es tanto el pasado, sino el lugar, el espacio moral en el que uno vive. El libro trata en buena medida de la ciudad como espacio de libertad. El libro es un canto a la libertad, una celebración de la ciudad. El libro es un acto de rebeldía adulta, de afirmación de autonomía, del derecho de la tristeza, un libro contra el orden de la naturaleza, que es la muerte. Es un libro contra natura.

       Ya había parodiado en sus otros libros el mundo de los campamentos de verano en la montaña, con ese cantar de himnos junto a un mástil. Ahora cuentos como “La ciudad” son todo un manifiesto en este sentido. Pero no solo en lo anecdótico, en el hacer bromas con las mermeladas caseras y las cucharas talladas en madera de boj, sino en lo esencial, algo que afecta a la dignidad. En el libro hay varias historias de chicos que viven en pueblos y son seducidos por el oasis de una mujer de ciudad. Y hay una pieza, “Escuela de la muerte”, que es la descripción más desoladora, y en cierto modo humorística, de la vida en provincias que he leído jamás: cómo lo que se dice que ven los que se mueren, esa película rápida de lo que ha sido la propia vida, es lo que ve a cada momento, en la terraza misma en que toma un café, el que vive en una ciudad pequeña. El libro acaba con una brillante declaración político-sentimental.

Heraldo de Aragón, Huesca,  4 de marzo de 2008

 

04/03/2008 23:18 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

12/03/2008

DOMINGO ELECTORAL

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Las elecciones generales tienen algo de Navidad, con toda esa gente que va a votar adonde están empadronados, y que a menudo no es donde viven. Es una Navidad con menos presión, con menos compromiso: uno va a comer a la ciudad de sus padres, porque sigue censado en esa dirección, muchas veces por la simple pereza de no hacer el trámite burocrático de cambiarla. Es una especie de comida o cena de Navidad pero con el aliciente de que la comida no tiene por qué ser excepcional o festiva. Votar da alegría. Es más, predispone al buen apetito, da hambre. Ser un poco ingenuo es ser inteligente, es decir, no ser nada ingenuo. La desconfianza no tiene por qué ser en todo caso una muestra de inteligencia. Progresamos porque confiamos. Un poco más de filosofía: la verdad va de la mano de la belleza y del amor. La democracia no es en sí misma una meta, la meta es el bien, el ser mejores. Pero, hoy por hoy, nada nos hace mejores que la democracia. Quizá pasemos por periodos en que la economía no vaya bien, pero podemos decir que nunca en nuestra historia habíamos estado mejor, nunca habíamos sido un país tan atractivo para millones de habitantes del mundo. Antiguamente atraíamos a aventureros románticos, porque lo nuestro era una cosa folclórica y pintoresca. Nuestras ruinas y castillos servían para hacer dibujos a plumilla que acompañasen las revistas de sensibilidad decadente. A menudo los europeos se fueron sirviendo de España para exaltar aquello que nos hacía singulares, en lugar de aquello que nos hiciese civilizados. Hemos sido cantera de iconos de bandolerismo de sierra y manta, de un guerrillerismo que ha servido de campo de aventuras a los que a menudo estaban más deseosos de experiencias que de justicia, incluida nuestra Guerra Civil. En fin, que este domingo fui a votar.

Hablando de los dos principales partidos, lo que uno debe desear es que los dos sean lo mejor posible. Lo normal y razonable sería que la mayoría de ciudadanos dudase entre votar a uno u otro. Si se piensa, es ofensivo considerar una minoría a los llamados “indecisos”, “el voto indeciso”. Porque todos deberíamos ser indecisos, se supone. Y entrando en materia: viendo las imágenes de Rajoy con sus seguidores en el balcón de Génova, daba la impresión de que hubiesen ganado. Se les veía felices y aliviados. Quizá Pizarro fuera en esto una excepción, sabedor de que parte de la responsabilidad de los resultados era suya. Falló en sumarse a los eslóganes de campaña, a las frases de partido –¿qué quería decir en televisión con eso de que defendía a la familia?– en lugar de defender un plan económico convincente y audaz. Fue bonito el modo en que la mujer de Rajoy abrazaba y acariciaba a su marido en ese balcón de la derrota. Quizá el error mayor del PP y de Rajoy sea el haber dejado que el ideólogo y líder de la legislatura, quien marcase la pauta, fuese Jiménez Losantos. Es un hombre formado en el maoísmo que reconoce a la primera las maneras de la ortodoxia totalitaria de izquierdas, pero que, desde el otro extremo, no se diferencia tanto de lo que critica: no duda en poner en riesgo la estabilidad del Estado democrático con tal de que los de su sección saquen partido. En estos años no ha dejado de avivar la teoría de la conspiración del 11 M, para después quedarse callado como si nada hubiese sido dicho durante un tiempo tan largo. Pienso que el PP se equivocó en su obcecación por condenar las bodas de homosexuales, que no hacen daño a nadie. En vincularse conjuntamente a un credo religioso. En defender la idea de España al modo de los nacionalistas, en lugar de como un marco que garantice la igualdad y las libertades.

Enhorabuena a Rosa Díez.

Heraldo de Aragón, Huesca, 11.3.08

En la imagen, Casino de Huesca, colegio electoral el día de las elecciones

12/03/2008 00:53 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

19/03/2008

TEST DE TRADICIONES

         Lo de las ramas de olivo y lo de las palmas del domingo de Ramos es bonito y tiene futuro. Me refiero al campo del marketing y de los sentimientos. La movilidad actual de los seres humanos, el que muchas personas como yo vivamos en barrios donde buena parte de los vecinos proceden de otros países, el que nuestras ciudades sean hoy multirraciales, permite valorar de un modo más o menos objetivo la calidad y éxito de nuestras costumbres. Quiero decir que, por ejemplo, la tradición del ramillo de albahaca en Huesca tiene tirón, a su manera; o la de los gigantes y cabezudos, tan viva en Zararagoza, que ha tenido éxito entre los niños de todas las procedencias –aunque sea un éxito quizá con los días contados, debido a ese factor de terror infantil, con los pequeños látigos, que van quedando algo anticuados–. Otro éxito de nuestro marketing cultural, indiscutible, es la sorpresa en el roscón de Reyes, esa figurita entre la masa esponjada o entre la nata, esa resistencia celebratoria al cuchillo. El último roscón que compramos en mi casa era de una pastelería marroquí. Parecía incluso que desde la pastelería nos quisiesen decir que nos habíamos apropiado de algo suyo: los Reyes Magos son de Oriente, y lo propio del roscón es cierto exceso geométrico ornamental, a la manera de una corona. Lo cierto es que la masa de ese roscón que compramos era demasiado espesa y almendrada, pero ahí estaba la figurita entre la nata, y la corona de cartón acompañando la caja en que venía servido. Los propios Reyes Magos tienen también futuro como tradición cultural, no sería raro que la Coca-Cola, asociada a Santa Claus, se acabase pasando abiertamente al aire misterioso y multirracial de estas figuras orientales. La tradición taurina, por otra parte, la veo difícilmente rescatable: atrae a los turistas como algo pintoresco, pero menos a las personas de origen foráneo que viven entre nosotros. Quizá en la línea del Bombero Torero haya algo que hacer, no lo sé. En Teruel parece que les está saliendo bien lo de los Amantes, llenan los hoteles con todo ese echar paja a las calles para que parezcan medievales. La línea de exaltación medieval solo la veo a medias, pero el caso es que la cosa funciona, con el texto de Santiago Gascón y elementos de novedad que enseguida parecen tradiciones perdidas en el tiempo. En el Teruel de los Amantes asomó una tradición que no acaba de cuajar a lo grande, pero a la que sí veo que puede tener futuro: la besada, es decir, ese momento en que parejas venidas de todo el mundo se dan un beso a la vez. En fin, escribo todo esto en lunes porque cuando ayer vi pasar bajo el balcón a los niños con los ramos, esas ramas de palmeras trenzadas, me pareció algo bonito y alegre. Más tarde, cuando oscurecía, me crucé por la calle con una procesión, con los capirotes y los tambores lúgubres, y las estatuas de dolientes, y se me hacía más difícil encontrar una salida humana, globalizada, a este rito. En lugares como Alcorisa, a partir de “Jesucristo Superstar”, se han renovado un poco. Solo nos falta ir limando todo esto. Me dio la impresión también, quizá falsa, de que no había demasiado público en la procesión, de que había casi más capirotes que espectadores, y no digamos que niños. Insisto en que todo tiene salida, basta con no perder la buena fe. Quiero pensar que no se trata de que las personas procedentes de otros lugares del mundo, de primera o segunda generación, se integren o adapten a nuestras costumbres, sino de que aprovechemos el beneficio de su presencia para hacer un test, una prueba de calidad de nuestras costumbres, empezando por nuestra cocina. La única identidad humana es la de su aspiración a ser cada día mejor.

 Heraldo de Aragón, Huesca, 18.3.08

19/03/2008 13:10 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

26/03/2008

FIELES, PESE A TODO

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         Esta semana se presenta el último libro de Cristina Grande, “Naturaleza infiel” (RBA). Cristina Grande comenzó publicando artículos en prensa y era conocida como fotógrafa: suyas son las fotografías de las solapas o de acompañamiento de muchos libros de autores aragoneses, como Ignacio Martínez de Pisón, Félix Romeo, Eva Puyó, Miguel Mena o Javier Tomeo; luego dio a conocer en fotografía y vídeo algunos asuntos suyos, más propios y familiares, con participación en algunas exposiciones colectivas. Hasta que en 2002 publicó su colección de relatos “La novia parapente”, un libro que desde entonces ha sido reeditado en varias ocasiones, las últimas en Xordica. En esos relatos se reveló una voz de narradora inconfundible, una mezcla de crudeza sentimental y lirismo de lo cotidiano, todo con un lenguaje sencillo y un mundo muy identificable. Cuatro años después publicó “Dirección noche” (Xordica), donde continuaba en su línea a la vez que aportaba nuevos asuntos a sus pequeñas ficciones, como es la presencia en ellos de la figura de la madre, un personaje que, en cierto modo, será el protagonista de “Naturaleza infiel”. Durante este tiempo Grande ha alternado la escritura de relatos con la de artículos en este mismo periódico, donde me alegro de ser su compañero. El tono habitual de sus artículos, en el que es común que nos hable de su abuela de Lanaja, ya difunta, o de su primo Alfredo, no es muy diferente del de sus ficciones: un contar la vida a pie de calle, donde se juntan las amapolas estacionales con los bikinis comprados por catálogo, los cumpleaños de los seres queridos con las alergias, siempre con un fondo de emoción, de íntima rebeldía y cierto afán por la elegancia –en su sentido más amplio–, hasta el punto de que se puede decir que Grande ha hecho el papel de mujer dandy de nuestras letras.

          “Naturaleza infiel” es una novela tejida con pequeños capítulos, muy a la manera de miniaturista en el que esta escritora viene desenvolviéndose. Es una novela que leí ayer y que me ha gustado mucho: mantiene el tono brillante de sus relatos, a menudo de un brillo muy negro, de botín muy cepillado, dando lugar a una historia que los unifica y, de alguna manera, los clausura. Si todo escritor necesita ir dejando atrás algo para seguir viviendo-escribiendo, esta novela de Grande parece cumplir esa función, la de dar sentido a una multiplicidad de figuras e historias que iban rondando en torno a su escritura, y a los episodios que han rodeado la vida de la autora en los últimos años. La lectura del libro, su interés, se sostiene en el punto de vista de la autora, en su capacidad de mezclar en un párrafo la tragedia con el humor, el descaro con la ternura: el detalle de una mirada de cortejo amoroso en medio de un cortejo fúnebre, o la observación de que su madre no se ha pintado los labios cuando ha salido hacia el hospital después de una noticia terrible. “Naturaleza infiel” se va haciendo grande a fuerza de asuntos pequeños, como es la crónica de la primera regla de la protagonista, o el cómo cambian las cosas en un hogar con la compra de un lavavajillas. Leyendo “Naturaleza infiel” tengo la sensación de no haber leído antes estas historias, o al menos de esta manera, y de que lo que se cuenta procede del pozo de la realidad.

         “Naturaleza infiel” trata, a través de la vida de dos hermanas y su familia, del hecho de sobrevivir, incluso en un sentido literal. Una de las hermanas sigue la vía del sexo y otra la de la heroína, cada una con sus peligros, en un retrato que se vuelve también una elegía generacional. Pese al título, en el libro hay más valentía que infidelidad, y más urbanidad que naturaleza.

Heraldo de Aragón, Huesca, 25.3.08

26/03/2008 01:00 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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