ismaelgrasa |
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Fui el sábado a Blecua, el pueblo de mi madre, porque inauguraban la rehabilitación de la ermita de Santa Ana. La ermita está dentro del propio pueblo, sobre un promontorio de roca arenisca. En la base de la piedra hay escavadas varias bodegas para el vino: Blecua está en el Somontano. En la parte alta de la roca hubo un castillo, del que se reconocen sobre el suelo restos de la traza, además del aljibe. Lo que queda de pie, y que ha sido restaurado, es un templo de forma cuadrangular, de comienzos de la Edad Media. Las paredes de sillería apenas ofrecen ornamentos, el conjunto es depurado y extrañamente moderno: una especie de caja de sillería sobre un alto. Da la impresión de que el arquitecto ocupado de la restauración se hubiese sentido agusto con esta desnudez formal. Cuando llegué a la inauguración estaban haciendo misa dentro. Aunque la mayor parte de los varones adultos estaban fuera, sentados al aire, en fila. Lo que más me gusta de la nueva ermita es que uno puede subir arriba y ver el paisaje. Ya he dicho que es como una especie de cubo. Se sube por una estructura de metal que han levantado a su lado. Este ascenso no desvirtúa el sentido del edificio, que parte originariamente de una fortaleza. Me alegra ver por fin esta esta obra acabada y visitable. Las torres como esta permiten tomar conciencia mejor de lo que es el propio pueblo y su entorno, tenerlo a la vista. A tres kilómetros de aquí pasaba la antigua calzada romana que iba hasta el Mediterráneo tarraconense, y de la que quedan restos. Es estimulante saber que esa vía estuvo ahí, esa obra de ingeniería. Es algo que tiene que ver con la libertad de los moradores de esta zona. La otra obra relevante de Blecua es una fuente o pozo que está escavado en las afueras. No se trata de un pozo en vertical, sino una entrada hacia el interior de la tierra mediante una escalinata que, según el nivel del agua, queda anegada a mayor o menor altura. Es un tipo de obra hecha en sillería que se puede ver también, con variantes, en algún otro pueblo del entorno. Siempre me ha parecido que es un tipo de acceso al agua muy amable y civilizado. Varios vecinos del pueblo han hecho una página web donde se recoge algo de información sobre estas construcciones. Y donde se habla también de la persona que mayor memoria ha dejado en el pueblo en su historia reciente, el profesor Juan Antonio Cavero, de quien escribió en varias ocasiones José Ortega Munilla, padre de Ortega y Gasset. Juan Antonio Cavero, nacido en Ortilla, trabajó cuarenta y nueve años como maestro en Blecua. Es decir, toda su vida profesional. Su labor resultó tan ejemplar que el rey Alfonso XIII contaba con hacerle un homenaje, que fue postergado en esas fechas por el desastre de Annual. Poco después el anciano Cavero murió en Novales, el pueblo en el que trabajaba de maestro su hijo. Los alumnos de Cavero, en reconocimiento, llevaron su ataúd a hombros desde Novales hasta Blecua, donde siguen estando sus restos. Un maestro, una fuente escavada en la tierra, un resto de vía romana, un nuevo mirador dispuesto sobre el Somontano… Quizá no sean muchas cosas, pero todas tratan sobre la dignidad. También la nueva piscina. Acabo de leer la carta que Nicolas Sarkozy envió este curso a los maestros y profesores franceses, y de la que se ha editado una traducción al castellano. Dejando a un lado matizaciones, aplaudo su idea general: el proyecto de una educación universal que permita a cualquier persona, nazca donde nazca, no tener otro límite en el mundo que su capacidad de estudio y su iniciativa. Una educación que nos permita no perder de vista las cosas de las que debemos sentirnos orgullosos. Heraldo de Aragón, Huesca, 30.7.08 En la imagen, Estrella de Belén sobre el castillo |