ismaelgrasa |
|
|
|
No hay nada más complejo que la democracia, pero a la vez la democracia se sostiene sobre el reconocimiento de verdades no complejas: la libertad, el respeto al individuo, la idea de que la ciencia y la cultura nos hacen mejores, el acatamiento de una tradición legal… Los que atacan la democracia suelen ampararse en la idea de que todo es más complejo de como se nos quiere hacer creer, y en que siempre hay cosas que no aparecen en los medios de comunicación y que son las que realmente explican los hechos. De modo que uno cabalmente nunca se puede alegrar por una buena noticia, o entristecerse por una mala, sino que uno está condenado a abandonarse a la apatía de un proceso infinito de causas, cuando no al cinismo o a un deseo implícito de autoritarismo. Lo bueno de la liberación de Íngrid Betancourt y sus compañeros secuestrados no ha sido solo que hayan logrado la libertad, que es lo primero, sino también que haya habido tanta alegría manifestada pública y abiertamente, una lluvia de artículos de prensa y abrazos que nos sitúan en un punto que, por más que esté cargado de matices, nos hacen ver a las claras lo esencial: que una mujer, dedicada a la política, ha sido liberada de un secuestro inmundo. La claridad con que Betancourt se ha expresado nada más bajar del helicóptero liberador, su nitidez en los afectos y en las ideas (la defensa de la democracia, el agradecimiento a las fuerzas armadas que representan el ámbito de la ley, el desprecio moral intacto hacia sus secuestradores, su prisa por reencontrarse con sus seres queridos…), nos devuelven de pronto la esperanza de una Latinoamérica alejada de los patrones románticos de revoluciones y dictaduras populistas. Y ha sido también significativo el que Betancourt agradeciese una intervención militar, aun a sabiendas de que se ponía en peligro su vida. Este domingo, ordenando libros en mi casa, di de pronto con uno dedicado a ensalzar a Manuel Pérez, el Cura Pérez, aquel sacerdote aragonés que combatió con la guerrilla en Colombia. Desde que recuerdo haber oído hablar de él, cuando era un adolescente, siempre se ha tratado de comentarios admirativos o complacientes. Se podrá decir que aquellos eran otros años, que los paramilitares cometían entonces toda clase de abusos, que la desigualdad social en Colombia era inmensa y oprobiosa, etcétera. Pero la “comprensión” de los contextos, de las situaciones, no nos libra de poder emitir juicios. No nos libra de hablar del mal. El Cura Pérez se equivocaba. Y, puesto que no tengo espacio en mi casa para muchos libros, no he dudado en desembarazarme, junto a otros títulos, de ese ejemplar. Nada más ser liberada Betancourt oímos toda clase de teorías: que en realidad sí hubo disparos y muertos, que detrás de la maniobra de rescate estaban la CIA y los israelíes, que secretamente se pagó tal o cual cantidad de dinero para que les dejasen escapar… Algunas cosas han resultado ser ciertas, como la intervención de especialistas norteamericanos e israelíes; otras han sido desmentidas, como el pago del rescate; otras han resultado ser falsas, como el tiroteo oculto. En teoría de la ciencia se sigue la práctica de elegir, entre dos hipótesis explicativas de un fenómeno, la más sencilla. Era más sencillo pensar que no hubo disparos a que en los veinte minutos de trayecto del helicóptero se llegase a un pacto de silencio entre todos los liberados, con una versión de los hechos que todos deberían memorizar y repetir hasta el final de sus días… La democracia se apoya en cierta simpleza o, si así lo quieren llamar, cierta ingenuidad: la de creer que alguien, en algún momento, dice la verdad. Esa es su fuerza. Heraldo de Aragón, Huesca, 8.7.08
Fecha: 09/07/2008 23:08.
Fecha: 11/07/2008 20:05.
Fecha: 12/07/2008 04:46.
Fecha: 15/07/2008 15:49.
Fecha: 15/07/2008 17:25.
Fecha: 15/07/2008 21:59. |