ismaelgrasa |
|
|
|
He leído con particular interés el capítulo que Hitchens dedica al cerdo en su libro Dios no es bueno (Debate), dada la gran presencia que tiene este animal en nuestro territorio aragonés. Ese capítulo trata de indagar en el odio atávico de algunos credos hacia el cerdo. Recoge informaciones al respecto que hacen sonreír a cualquiera: entre los escolares musulmanes se prohíbe la lectura de la obra de Orwell “Rebelión en la granja”. También trata, como ya he escrito en otra ocasión, de la costumbre algo sádica de los españoles de ofrecer al invitado un plato de jamón o embutidos con el fin de descubrir al falso converso o, lo que es lo mismo, crear un clima de confianza entre “cristianos viejos”. Y trata, aunque no recuerdo si en este capítulo o en otro del libro, sobre lo que a menudo se dice sobre las costumbres alimenticias o higiénicas del ámbito religioso: eso de que su origen tiene una “explicación” razonable de carácter práctico, como es el prevenir infecciones o la fimosis mediante la circuncisión, o el evitar la triquinosis con la prohibición de comer carne de cerdo, o el mantener a los miserables apartados de las vacas en la India… Sin embargo, se pregunta Hitchens, ¿cuál sería la “explicación” del matar o perseguir por razones religiosas a los que comen carne de cerdo, o a los que no la comen? Hay ahí un salto no razonable, por así decirlo. El salto que está en la base de las tesis del libro: no es la religión una mera adaptación y un ordenamiento de la vida humana de cara a su viabilidad, algo útil y comprensible incluso para los ateos, al fin y al cabo, sino algo que alberga el mal en la misma proporción, por lo menos, que el resto de los ámbitos humanos. Otro aspecto que me ha interesado del libro de Hitchens, y que no he comentado antes, es de la intraducibilidad de los textos sagrados. Algo que tiene que ver con el relativismo cultural o las exaltaciones lingüísticas del nacionalismo: el monolingüismo de Dios. Es verdad que existen episodios de plurilingüismo como el de Pentecostés, pero la tendencia ha sido el entender que el texto sagrado tiene una formulación exclusiva, de la cual las traducciones solo son un reflejo insuficiente, cuando no una blasfemia abierta. Hitchens explica esto refiriéndose al Corán, y cómo se hace ligar la religión a una lengua y a un tipo de escritura. Por otra parte, los estudios filológicos o sobre el origen de los textos del Corán han sido sistemáticamente evitados y perseguidos. No sólo la lengua se convierte en algo sagrado y “único”, sino también su propia impresión en papel, de ahí el respeto reverencial al Corán impreso –un respeto que ha venido siendo proporcional al desinterés o el desprecio hacia el resto de los libros–. De ahí que los integristas islámicos rechacen el papel reciclado, por la idea de que pueda contener algún fragmento, por pequeño que sea, de un Corán. Y, respecto al cristianismo, Hitchens cita a los hombres que fueron a la hoguera por traducir la Biblia, el camino hacia “la Vulgata” y la resistencia católica por abandonar los rituales latinos. En fin, escribo esto un rato antes de empezar esta semana mis clases de filosofía con bachilleres. Miro Internet y celebro la victoria de los proeuropeístas en Serbia. En la mesa tengo también un libro de texto de primer curso de Filosofía que acaba de mandar una editorial. En estas semanas las editoriales hacen sus promociones. La asignatura, por lo que veo, pasa a llamarse “Filosofía y ciudadanía”. Ya no es sólo “Filosofía”. La verdad es que tiendo a pensar que toda palabra que acompañe a la honesta “Filosofía” quizá no sea más que un falso amigo que, cuando menos lo espere, la traicionará. Heraldo de Aragón, Huesca, 13.5.08
Fecha: 17/05/2008 23:06.
Fecha: 18/05/2008 19:08. |