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Chusé Izuel ha sido una sombra que siempre ha estado ahí, al menos desde que yo tengo uso de razón literario. Yo nací en el mismo año que él, en 1968. El mismo año que Félix Romeo. Y también el mismo año que Ignacio García-Valiño. Chusé Izuel se suicidó en 1992, en Barcelona, en un piso donde antes había vivido el escritor Ignacio Martínez de Pisón. Dos años después se publicó su único libro, la colección de relatos “Todo sigue tranquilo” (Ediciones Libertarias). Se encargaron de la edición Félix Romeo y Bizén Ibarra, que eran los compañeros de piso de Izuel. Y ahora Félix Romeo, que acaba de cumplir sus cuarenta años, ha publicado “Amarillo” (Plot), una reflexión en voz alta sobre aquella muerte y un testimonio de aquellos años de grupos de rock, accidentes de coche y lecturas. Yo no conocí a Chusé Izuel. Tardé tiempo en leer su libro. Pude dar con un ejemplar en la biblioteca que Eloy Fernández Clemente tiene en un piso de Épila, junto a la vieja azucarera. Eloy tenía que ir a consultar algún libro y le acompañé una mañana. Hacía poco que yo había empezado a vivir en Zaragoza. A la entrada de la azucarera, en una calle arbolada, señaló hacia el edificio de ingenieros donde había tenido su casa el padre de Soledad Puértolas. En la biblioteca de Eloy encontré el libro de Izuel y lo leí en el acto. Creo que hay que leer ese libro para entender otras muchas cosas que han pasado después. Ahora tengo un ejemplar en casa del libro de Izuel, que Félix nos regaló a Eva y a mí, y me sucede que cuando lo abro me quedo pegado a él y no puedo evitar volver a leer alguno de esos relatos. Es un libro tremendamente trágico y desalentado. Las historias están contadas con una naturalidad sorprendente, historias que transcurren entre charlas de amigos en bares, conversaciones de teléfono y ratos de sexo y tabaco. La desnudez y la sabiduría literaria con que están escritas resultan sorprendentes. Muerto Izuel vinieron otros narradores a contar la noche y las desolaciones generacionales. Podemos pensar que Izuel, que además de narrador escribía reseñas de libros y entrevistaba a autores, tenía realmente una carrera por delante como escritor. El libro de Félix Romeo, “Amarillo”, tiene algo de género policiaco: investiga sobre un cadáver, el de Izuel. Tanto Izuel como Romeo son hijos de policía. “Amarillo” es también una reflexión sobre padres e hijos: los tres protagonistas, los tres compañeros de piso, tienen el mismo nombre que sus padres; uno de los episodios más perturbadores es el de las horas que pasan sin que aparezcan los familiares que deben reconocer el cadáver; también los momentos en que se habla sobre los cambios de nombre de los hijos y la presencia de los padres, y cómo en unas esquelas u otras aparecía un nombre u otro de Izuel, el del escritor o el del hijo. Buena parte del libro está formado por testimonios directos de Izuel o sobre Izuel: cartas y papeles diversos, entrevistas o reseñas que se publicaron sobre él. Izuel ha quedado como un maldito generacional, que Jesús Ferrero, en una conferencia que aparece citada en el libro, situó junto a otros como Eduardo Hervás, José María Fonollosa o Eduardo Haro Ibars. Se nos pueden ocurrir otros nombres. El libro de Romeo está planteado también como el libro sobre un crimen: es sabido que el suicidio es un modo de asesinato. Izuel fue abandonado por una mujer y unos años después, incapaz de reponerse de esa pérdida, se tiró por el balcón. Al menos esta es la secuencia oficial de los hechos. Félix Romeo dialoga duramente con su amigo muerto, que por momentos se convierte en un desconocido. “Amarillo” no es un libro sobre la muerte, sino sobre la vida que continúa. Heraldo de Aragón, Huesca, 15.1.2008

Autor: Enrique Pero Fonollosa es de otra generación anterior, ¿no? P.D.: Veo que en tu blog no hay comentarios y me extraña. Por lo que a mí respecta, puedo decirte que leo aquí tus artículos y que me gustan y suelo estar bastante de acuerdo con ellos. En ocasiones, incluso, los distribuyo vía e-mail entre los amigos. Procuro también leer tus libros. Publiqué una reseña de "Trescientos días de sol" en la revista Eclipse, no sé si la leerías. Un abrazo, Enrique.
Fecha: 21/02/2008 18:42.

Autor: ismael Sí, leí tu reseña en la revista.
Fonollosa nació en los años veinte, ciertamente, pero hasta los noventa era prácticamente un desconocido. Supongo que por eso se le incluyó en ese grupo de los ochenta-noventa.
Es cierto que este blog es un poco autista. Gracias por tu comentario y un saludo, I.
Fecha: 23/02/2008 13:22.

Autor: Armand Gallego Solamente para comentar k leí la noticia en el periódico.La misma trayectoria final k un conocido mio,y k otros por una u/o otra razón se fueron antes de tiempo.Vulgares me parecen los pensamientos k tengo sobre dejarlo todo(aunk me gusta como lo ha enfocado romea)me alegro k lo haya conseguido,a veces realmente las aceras hacen daño,levantar la vista i mirar,todo(aunk hayas regado plantas como alguien k conocí,o hayas comido una tortilla como Chusé,ya k unos segundos o días más y kizás jamás hubieesen tomado esa decisión,a vesces tan imprebvista,a veces tan meditada,siempre intrigante y dolorosa,pero siguen siendo bonitos tanto como las flores,bonitos y fugaces,pero son lo mejor de este mundo... No lo alavo,no lo admiro,no le aplaudo,pero si le respeto enormemente...el ser sufre,y lo k todos sufrimos aki no me vale,kizás tratamiento a tiempo,hablar,pero ni asi,a veces hay ganas o fuerzas de seguir por estas aceras tan sucias...y es k por muy limpias k esuviesen y de marfil,irse seguiría siendo la fatídica opción final. Cuelkier cosa keburrotio@hotmail.com
Fecha: 14/04/2008 01:14.

Autor: Ismael Yo también, durante mucho tiempo, siempre leía noticias o cualquier cosa que publicase sobre suicidas. Hoy, en cambio, el asunto no me interesa nada, salvo el dolor y las reflexiones de los que siguen vivos.
Fecha: 14/04/2008 09:11.
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