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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2007.

Resumen

02/10/2007

AZAFRÁN


       Viendo lo que pasa en Birmania, o Myanmar, uno puede pensar que hay algo de paradójico en combinar lo que se está llamando “revolución azafrán” con el verdadero anhelo democrático. Parecemos partir de la convención de que hay clero bueno, como es el caso de los budistas, vestidos de color azafrán, y cleros malos, como el islámico o el católico. Y esta generalización quizá no tenga mucho fundamento.

      Los monjes tibetanos, por ejemplo, están lejos de representar el movimiento democrático. Más bien encarnan un régimen teocrático que, sin bien parece rechazar la violencia en un primer plano, es fácil que la consienta, o dé lugar a ella. Siempre me han parecido algo inquietantes todas esas películas e historias de personas que van a encontrarse “a sí mismas” a Lasa o a otras cimas del budismo tibetano. Suelen ser personas que proceden de países democráticos, donde se publican periódicos y hay investigación científica. Y, de pronto, en medio de un régimen desquiciado de creencias en reencarnaciones, de niños utilizados, apartados de sus padres en nombre de una intuición divina; en medio de un régimen sexista y feudal, ajeno a la mayoría de las libertades y logros que hemos alcanzado en el mundo occidental y su entorno; en medio de un sistema educativo de castas, donde todo viene a ser una especie de catecismo inmenso, heredado y acrítico, estos ciudadanos forasteros, rubios y bien alimentados, que saben lo que es coger un avión, que han tenido novias y novios y han estudiado en campus de universidades, sienten una iluminación interior que les hace felices y bondadosos. Ya digo que hay algo en todo esto que siempre me ha resultado extraño.

      Christopher Hitchens recoge en su libro “God is not Great” un texto sobre el budismo en el que se refiere de un modo divertido a los actores norteamericanos que siguen este credo, y a los celos que pareció sentir Richard Gere hacia Steven Segal cuando fue investido como “tulku”. El otro día vimos a Gere en España levantándose de la mesa donde le entrevistaban y dirigiéndose hacia una periodista nerviosa para tranquilizarla con un abrazo reposado. La verdad es que por menos de eso a otras personas las denuncian por abuso o comportamiento indebido. Pero se supone que este actor está poseído por una bondad especial que le otorga un credo que, por las razones que sean, nos resulta simpático. Yo veía esta escena en la televisión de mi casa y me preguntaba si Gere hubiese hecho lo mismo en el caso de que el periodista fuese un hombre, o una mujer menos atractiva o con un aspecto menos indefenso.

      Posiblemente tengamos más razones para recelar del Dalai Lama que de Benedicto XVI, pero las acogidas que reciben uno y otro en nuestro país son de carácter opuesto. Ya se ha comentado a este respecto la devoción que sienten hacia el Lama las primeras líneas del pensamiento nacionalista, como Carod Rovira. La filosofía, como todo el mundo sabe, no nace en las montañas, sino en las ciudades portuarias. El nacionalismo esencialista, en cambio, tiende a poner los ojos en los líderes del pensamiento montañés como el Dalai Lama.

      Los simpatizantes con la causa tibetana, los que se han venido oponiendo a la presencia de las fuerzas armadas chinas, no siempre han tendido a ser defensores del Estado de derecho y la alfabetización en esa parte del mundo, sino más bien de su independencia política y de la preservación de un modo de ser, de una religión, de un lugar de peregrinaje. Seguimos pensando en clave de “reserva espiritual”. Lo que nos gusta del budismo, su renuncia a la violencia o al proselitismo, es algo que se presupone en democracia.

 Heraldo de Aragón, Huesca, 2.10.07

02/10/2007 23:12 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

10/10/2007

OREJAS DE BURRO


            El vídeo de las Juventudes socialistas es zafio y desalentador. Algunas de las personas que pusieron reparos a la asignatura de “Educación para la Ciudadanía” alegaban que es una asignatura que no existiría si no existiese el PP. Y que por lo tanto supone trasladar a las aulas un enfrentamiento particular, partidista, y un poner a los profesores de esta asignatura en una situación embarazosa y coyuntural. Uno de los pocos éxitos en esta legislatura del PSOE quizá haya sido, a su comienzo, el de la equiparación de derechos de los homosexuales y el reconocimiento de sus matrimonios, algo que dejó fuera de juego al PP, con algunos de sus miembros y sus psiquiatras sacando a la luz su cara más siniestra y débil. Y al final de esta legislatura errática, en la que no han dejado de asomar los flecos totalitarios, con una política exterior que nos ha avergonzado a muchos (el alinearnos con Chávez, con Morales, y así), parece que este partido ha querido agarrarse a algo que creía que le había salido bien, y donde ya existía la asignatura de Ética, y la de la de la alternativa a la religión, ha incluido a última hora una nueva asignatura de las “leves” a unos meses de las elecciones, tratando que así el lado más rancio del PP volviese a quedar al descubierto. Pero lo que ha pasado esta vez ha sido lo contrario, que lo que ha quedado a la vista y fuera de juego es el lado turbio del PSOE y de sus juventudes.

            En el vídeo de los socialistas llama la atención su final: el rostro del chico que representa al PP se transforma en blanco y negro, como en papel impreso, y sobre él se estampa contundente un sello en el que se lee “suspenso”. Porque se puede pensar que un suspenso, dentro de la retórica que a menudo manejan estos colectivos de izquierda, no deja de ser algo discriminatorio, algo de otra época. Como decían las juventudes maoístas, los únicos que merecen suspensos son en realidad los profesores, que representan los viejos valores: todos esos maestros que fueron obligados a llevar gorros de cucurucho durante la Revolución Cultural, algo parecido a nuestras orejas de burro. No deja de ser significativo ese sello de suspenso tan enérgico sobre el chico del PP. No sólo se puede suspender entonces al maestro, sino también al traidor de clase. En realidad ese sello de suspenso, el tamponazo de estas Juventudes, suena más a un sello administrativo de arresto o de una sentencia peor.

            Hay otra cosa en el vídeo que me ha llamado la atención, y es que de entre las cuatro o cinco palabras escogidas para representar la “Educación para la Ciudadanía”, una sea el nombre del Gandhi. ¿Realmente se puede decir que este hombre fuese un defensor del progreso y de las libertades? La retirada de los occidentales de las colonias estuvo lejos de significar, como se podía imaginar, el logro rápido de la libertad y del progreso. Más bien al contrario. Pero esta es una vieja cuestión. A lo que voy es que en el vídeo se define a Gandhi como “defensor de los derechos de los pueblos”, cuando lo primero que debería enseñar la asignatura en cuestión es que los derechos no son de los pueblos, sino de las personas, de los ciudadanos. Si el derecho es de los pueblos, ¿qué es de quien no se identifica con esa identidad colectiva, con esa cultura, con esa “unidad de destino”?

            Es escandaloso que un partido político convierta oficialmente una asignatura impuesta por él en arma arrojadiza contra otro partido democrático, y que ponga en una situación tan expuesta e incómoda a los miles de profesores que han de impartirla cada semana. Esto está sólo a un paso de que les volvamos a poner las orejas de burro y los saquemos a las calles para escarnio.

Heraldo de Aragón, Huesca, 9.10.07 

10/10/2007 01:06 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

17/10/2007

SOMBRAS

      El escritor Ignacio Martínez de Pisón dio una charla una vez en el edificio de la Escuela de Magisterio de Huesca, a propósito de unas jornadas sobre la Guerra Civil en esta ciudad. Recuerdo que estaba el salón lleno y habló de lo que luego sería su libro “Enterrar a los muertos”. Hace unas semanas Martínez de Pisón presentó su último libro, “Las palabras justas”, una recopilación de reportajes que comienza precisamente hablando de la Escuela de Magisterio de Huesca, La Normal, aunque todavía no se refiere al edificio que hace esquina en la Calle del Parque, con entrada por Valentín Carderera. Habla de cuando La Normal ocupaba el convento de Santa Rosa, y luego el número nueve de la calle Padre Huesca. El primero de los artículos que recopila Martínez de Pisón en este libro recoge la historia de una profesora y su alumna: la pedagoga María Sánchez Arbós y la estudiante Carmen Castro Cardús. De Sánchez Arbós ha escrito Víctor Juan. Carmen Castro era hermana de Julio Alejandro, guionista de Buñuel. El caso es que la alumna acabó siendo la carcelera de la profesora al acabar la guerra: Sánchez Arbós, ligada a la Institución Libre de Enseñanza, fue detenida; Carmen Castro dirigía entonces la prisión de las Ventas en Madrid. En la presentación de este libro Félix Romeo comparó a Martínez de Pisón con Sender, en el sentido de que ambos buscan un sentido de la justicia apartado de las grandes corrientes y los sectarismos. Hay un deseo reparador que se fija más en las personas que en los bandos. Está también la sombra de Orwell y su lección de que el enemigo no es la izquierda o la derecha, sino el totalitarismo. Ese espíritu se encontraba en uno de mis libros preferidos de este autor, “Enterrar a los muertos”, y en la historia del traductor de John Dos Passos, José Robles, desaparecido entre los servicios soviéticos durante nuestra Guerra Civil. Había en ese libro una nostalgia de la felicidad, de lo que podría haber sido nuestra historia de haber sido capaces de asentar una República de carácter democrático y alejada de radicalismos (es una manera de hablar, una democracia estable es más “radical” que una revolución, y suele hacer llegar más lejos a una sociedad y a avances más osados que adonde llega esa; decir que una democracia asentada es un sistema “moderado” es un enviciamiento grave del lenguaje, pues es precisamente el ámbito en el que se han incubado la mayor parte de los logros de libertades y de progreso: mientras que los “radicales” siguen encarcelando a los homosexuales, los “moderados” tramitan sus matrimonios, por poner un ejemplo). Estos textos recopilados de Martínez de Pisón comparten también con “Enterrar a los muertos” el formato de relato-real, pues no hay nada de ficción en ellos. Se leen como verdaderos relatos pero no se apartan en ningún caso de la información precisa y del testimonio. El resultado es una prosa clara que tiene un pie en la crónica amigable y otro en lo forense. Se nos dan datos como en un juicio. El libro describe casos precisos de injusticias, a veces anecdóticas y a veces graves. Al final el lector se queda con algo de una amena erudición, algo de tristeza por nuestro pasado y una esperanza serena hacia el presente. Al fin y al cabo, nos apoyamos sobre ruinas, parece querer decirnos el autor. 
      Durante años he vivido en la calle de Valentín Carderera. Cada día, de camino al colegio, he pasado por la fachada de La Normal. En una esquina del edificio se reconocía, medio despintada en el ladrillo, una pintura de José Antonio, si no recuerdo mal. Cada curso estaba un poco más despintada, como una sombra que se desdibujase, presente y ajena a nuestras nuevas vidas.

Heraldo de Aragón, Huesca, 16.10.07

 

17/10/2007 00:27 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

23/10/2007

UN ANIVERSARIO

         Este sábado tuvimos una celebración de aniversario los alumnos que hace veinticinco años terminamos la EGB en el colegio de San Viator de Huesca. Algunos continuamos estudiando el bachillerato en el colegio; a los de letras nos pasaron en los dos últimos cursos a las aulas de los salesianos, lo cual significó para nosotros el comienzo de la ecuación mixta, me refiero a ir a la clase con chicas. El ruido de murmullo de la clase, ya con alumnas, o el de la risa, cuando nos reíamos a la vez, adquirió una tonalidad distinta desde entonces.

        Mi padre también estudió en San Viator, fue de la tercera promoción. Mientras buscaba en mi armario una chaqueta que ponerme para ir al acto hablé con él por teléfono. Luego resultó que, de mi clase, fui el único que se presentó con americana, el resto acudió con jerséis o cazadoras. No sé si hubo alguna clase de acuerdo entre ellos, o yo vivo un particular delirio de ceremoniosidad. También es verdad que Huesca es mucho de cazadora y de jersey sobre los hombros. Es conocido el chiste: ¿cómo se reconocen dos de Huesca en una playa nudista? En que llevan sobre los hombros un jersey, por si refresca.

         Entonces, digo, mi padre me dijo que él, como veterano, estaba también invitado al aniversario y a la comida que teníamos después. Aquello me hizo mucha ilusión. En el salón de actos del colegio coincidimos los alumnos más veteranos con los que celebraban su quincuagésimo aniversario, como mi querido vecino José Luis Añaños, y los que acudíamos por nuestro vigésimo quinto aniversario. A la mayor parte de mis compañeros yo no los veía desde que estudié el bachillerato, tenía miedo de no reconocerlos o de haber olvidado algunos nombres. Me sucede con frecuencia. De modo que, mientras llegaban, busqué en el colegio la orla de mis compañeros de promoción. En uno de los pasillos de aulas di con la orla del curso anterior al mío, y también la del posterior, con algunos alumnos repetidores que conocía de haberme sentado con ellos. Quizá por el nerviosismo del encuentro que iba a tener lugar, empecé a dudar de cuál era realmente mi año de promoción, hasta que, con alivio, descubrí que habían descolgado la orla de mi curso para ponerla ese día en la capilla. Y ahí, frente a la puerta, saludé a Carlos Gil y a David Gómez, a Jorge de Luis, a Alberto Garcés, a Miguel Bueno y a Ricardo Garcés; y a Fantova, y a Carlos Valero; y a Enrique Lanau, y a Guillermo Maestre y a Poblador, y a Luis Rufas, que es quien se ocupó de localizarnos y enviar los correos electrónicos. Iba a venir Carlos Lera pero al final no apareció. Hablamos en la mesa de otras personas que hubieran querido estar pero no pudieron, como Lozano, que está en Chile, o Jesús Gota, que trabaja en Cádiz.

         La celebración se hizo coincidir con un homenaje al profesor Juan Martín, uno de las personas que más y mejores clases de ciencias han dado en nuestra ciudad. El director Rafael Gállego leyó unos testimonios de antiguos alumnos que resultaron emotivos y bellos. También pude saludar a mis profesores Ramón Acín y Javier Zorrilla. Lo voy a decir: yo iba dispuesto a emocionarme y me emocioné. Creo que, llegados aquí, nos hemos ganado el derecho de emocionarnos con los discursos, las ceremonias, las fotografías y los testimonios afectuosos leídos delante de un micrófono. Es verdad que todo en nuestra vida podría haber sido mejor; pero la grandeza está en ser lo que somos del mejor modo posible, y es importante aprender a estar orgullosos. Y a valorar las cosas que tienen continuidad en el tiempo, cuando colaboran a hacernos civilizados. En fin, doy las gracias a mis profesores por el tiempo, el afecto y la paciencia que me dedicaron.  

Heraldo de Aragón, Huesca, 23.10.07

23/10/2007 22:36 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

30/10/2007

DICCIONARIO DE URGENCIA


            Me ha gustado el “Diccionario del ciudadano sin miedo a saber” (Ariel) de Fernando Savater. Es conocida la vertiente didáctica que suelen tener los libros de este autor. Pero es en este pequeño diccionario donde ha alcanzado una de sus mejores síntesis. Parece un libro escrito por la urgencia de una situación, un texto hecho en unas pocas sentadas, como quien escribe una carta. Podemos pensar que es la situación a la que ha dado lugar el nacionalismo vasco y a las dificultades de convivencia de esta parte del mundo; pero no habría que olvidar que es también la situación de una persona, Savater, que está amenazada de muerte y que, como Robert Redeker, que recientemente ha estado en España, no puede llevar una vida corriente. El diccionario, que desarrolla alfabéticamente una veintena de conceptos, de “ciudadanía” a “tolerancia”, pasando por “inmigración”, “políticos” o “sectarismo”, tiene su fuerza en su sencillez: lo que se lee en estas páginas viene a ser la cartilla de un ciudadano en democracia, las vocales, lo elemental. Sucede que a veces decir ordenadamente lo elemental es lo más difícil.

            Savater comienza señalando algunas de las conocidas paradojas que vienen marcando nuestros días, como la de que el concepto de “unidad” se asocie a la derecha, o incluso a lo “fascista”, mientras que el de “diversidad” se vincule a lo progresista y de izquierdas, cuando, como explica el autor, es precisamente la “unidad” lo que hace posible el ámbito de la legalidad y la razón, mientras que en nombre de la “diversidad” se permiten comportamientos y tradiciones abiertamente reaccionarios y retrógrados. Hay en todo el libro de Savater una llamada contra el relativismo que es, quizá, lo que más me ha gustado. Insisto en que el autor apenas dice en este pequeño volumen nada que no haya aparecido de un modo u otro en sus artículos de prensa y sus libros, el mérito es precisamente el haber sido capaz de hacer una síntesis tan limpia.

            Una de las voces mejor resumidas tal vez sea la de “inmigración”, donde desarrolla la tesis de que “ser humano significa emigrar”: la nostalgia de permanecer en un mismo lugar, y de enorgullecerse por ello, sería una nostalgia prerracional, prehumana. Savater se pregunta cuáles serían los límites de la inmigración. En el diccionario unas voces van remitiendo a otras de modo permanente, y nos encontramos de nuevo ante los límites de la tolerancia, y la cuestión conocida de la intolerancia contra el intolerante, etcétera. La verdad es que yo leía las páginas del libro esperando el momento en que alguna de las definiciones o párrafos me resultase incómoda o débil. Sólo hay una parte de este diccionario a la que yo le pondría algún reparo, que es cuando define “derecha/izquierda”. Es posible que aquí se hagan algunas generalizaciones algo toscas, como la de que la izquierda se preocupa más por el medio ambiente que la derecha: quizá sea así en los países democráticos (o ni siquiera), pero en ningún caso podría decirse que los regímenes de izquierda se han caracterizado por su conciencia ecológica. De alguna manera, este diccionario viene a ser también un prontuario ideológico del nuevo partido político en el que Savater se ha implicado, y quizá se haya visto en la necesidad de apuntar hacia cierta identidad de izquierdas, cuando es hoy algo lleno de paradojas y difícil de precisar.

            Me ha gustado también la defensa de la participación en la vida política que hace, y de la discusión real: la situación ideal de que en los parlamentos los políticos pudiesen cambiar de opinión, la disposición a poder ser convencido antes que la conciencia de adhesión a un grupo político. En fin, un libro luminoso.

Heraldo de Aragón, Huesca, 30.10.07

30/10/2007 23:37 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 1 comentario.


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