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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007.

Resumen

05/06/2007

MALOS

            El asunto del mal está ahí. Desde el comienzo de la filosofía se ha tratado de tapar, de negar, de eliminar: el intelectualismo de Sócrates y Platón, para quienes el que obra mal lo hace por ignorancia, por ceguera. El que obra mal necesita ayuda, asistencia... O, dicho de otro modo, toda “mala acción” tiene su explicación, requiere ser comprendida, asimilada. El mal es el resultado de la injusticia, y es tan culpable el que juzga una mala acción como el que la comete, etcétera.     

         De las cosas que más me han gustado del último libro traducido de André Glucksmann, “Una rabieta infantil”, son precisamente las páginas que dedica a hablar del mal. Gluksmann ha sido actualidad por su apoyo a la campaña de Sarkozy. Glucksmann reflexiona ante esos jóvenes franceses a los que ve manifestarse por la calle gritando, a pulmón lleno, su derecho a jubilarse a los sesenta años. Al autor, que procede de una familia de inmigrantes judíos, sobrevivientes por azar, la cosa no deja de parecerle decadente y triste.  

              Pero cuando habla del mal es a propósito de un joven islamista que fue abatido por la policía, Jaled Kelkal. Había intentado hacer descarrilar un tren que iba de París a Lyón. Glucksmann cae en la cuenta de que tanto él como el islamista habían crecido en el mismo barrio periférico y habían ido a la misma escuela. Los dos eran hijos de inmigrantes. Glucksmann se pregunta por qué entonces él no es un terrorista. Por qué, de hecho, no son terroristas la mayor parte de las personas que crecen bajo condiciones de miseria y humillación. Glucksmann se detiene en la observación de todos los esfuerzos que se hicieron, por parte de sectores editorialistas y humanistas, de “comprender” a Jaled Kelkal: el hecho de que fuese suspendido en su examen de bachillerato “técnico”, y así.

                Yo no sé si todavía, en algún cajón de la casa de mis padres, se guardan los test de inteligencia que de vez en cuando nos hacían en el colegio. Si no recuerdo mal, pasé por un par de ellos en San Viator, y otro más en Salesianos, donde se cursaba el bachillerato de letras. Se nos daba un lapicero afilado y se nos indicaba cómo había que llenar las casillas del modo adecuado, para que la máquina correctora leyese bien nuestras capacidades. Era común que en el colegio estudiásemos varios hermanos de cada familia, como era mi caso. Llegaban a casa las pruebas de uno de los hijos, y luego iban llegando las de los demás. Como en los diagramas que muestran las variaciones del consumo energético en las facturas, era fácil poner, al contraluz, unos test de inteligencia sobre los otros. 

               Si no recuerdo mal, el que hacía los test era un sacerdote vestido de paisano; o, en todo caso, esas pruebas se hacían bajo su supervisión. Aquellos test obedecían en parte al viejo programa platónico: comprender la limitación, la carencia, quizá la inmoralidad. Los test avisaban de lo que podía venir. Para que no hubiese sospecha de que aquello no era científico, eran corregidos de modo automático. Durante los ejercicios espirituales del colegio se decidió también acabar con la confesión individual de los pecados, lo haríamos en una sesión colectiva. Hubo algunos padres practicantes que protestaron luego ante esto. Hubo una polémica: la confesión colectiva sólo debía ser practicada cuando no hubiese otro remedio, en caso de guerra extrema o de catástrofe mayor. De algún modo, el grupo de alumnos del que yo formaba parte estábamos escenificando, con aquella confesión colectiva, un cuadro propio de la Tercera Guerra Mundial. Lo que se escenificaba allí es que nosotros no éramos culpables (confesantes), sino víctimas. El mal era un invento de la derecha.

Heraldo de Aragón, Huesca, 5.6.2007

 

05/06/2007 22:27 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

13/06/2007

RETRATO DE UNA CIUDAD

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                Personajes de mi paisaje (Tropo Editores) es un texto rescatado de Rafael Andolz, un libro breve con un pequeño prólogo de Carlos Castán, que como todo el mundo sabe es sobrino de este autor oscense. Supongo que no es el texto de mayor relevancia que escribió Andolz, pero a mí es el que más me ha gustado y más me ha emocionado. Así que doy la enhorabuena a los editores de este pequeña joya altoaragonesa.

                Carlos Castán explica que los textos que componen Personajes de mi paisaje no llegaron a ser una obra completa, y que conservan cierto aire de esbozo. Eran textos pensados inicialmente para las intervenciones radiofónicas que hacía este autor. Personajes de mi paisaje está compuesto por algo más de una veintena de retratos de figuras oscenses, sin ser por ello un libro de “figuras oscenses”. Es más bien un retrato sentimental de un paisaje, de personajes que Andolz asocia en su memoria con las calles de Huesca, todos más o menos con sus motes o sus apellidos deformados: Carabuey, Marieta, Antonié, el Poli, Peteneras, Ropa suelta... Otros aparecen con sus nombres respetables: Ricardo del Arco, don José Puzo... Se nos cuenta que Andolz escribió el libro poco tiempo antes de morir. El libro tiene algo de necrológica colectiva de la ciudad, y de necrológica del propio Andolz. La colección de personajes que retrata Andolz, figuras en su mayor parte desconocidas pero ricas en anécdotas, son como fantasmas del pasado, hombres muertos. Andolz cuenta cómo murió uno en el hospicio, otro en el manicomio, otro en su cama señorial... Es una despedida emocionada de la vida, como en el fondo es cualquier buen libro. Cuenta cómo iba a ver a Durán Gudiol, “Don Antonio”, otro cura erudito como él, y cómo iban llenando los ceniceros de colillas, primero de Celtas cortos, y luego, cuando desapareció esta marca, de Ducados. Es un libro lleno de motes, con toda la brutalidad que esto representa.

                El libro, ciertamente, tiene un aire de tabaco negro y de latín. Hay episodios en los que se entrevé una realidad sórdida y violenta, aunque a primera vista no parezca ese el objetivo del autor. Sucede, por ejemplo, cuando habla de la afición de Antonio Vilas por participar en la procesión del Rosario: se nos cuenta que, en tiempos de la República, iban otros con garrotes ocultos en la ropa porque aquello solía acabar a golpetazos. Carlos Castán dice que el libro es un retrato de la Huesca de posguerra, y ciertamente lo es. Pero a la vez es más cosas, porque se trata del libro de un verdadero escritor.

               

                A veces le pregunto a Castán por cosas de su tío. Una vez nos estuvo contando a Pepe Melero y a mí, en el restaurante Bazul, cómo eran los viajes en coche que hacía con Andolz. Cómo a su tío el cura le gustaba meterse con él en el cine a ver películas de Rambo, y así. Otra vez, viendo con Carlos Castán obras de artistas de Okuparte, pudimos entrar en las salas del Seminario donde él estuvo interno de adolescente. Castán señalaba hacia las esquinas de las estancias, donde se sentaba tal o cual profesor, e imitaba alguna de las frases que decía aquel hombre, o contaba alguna anécdota. Y el caso es que algo muy parecido a aquella visita con Castán al Seminario es lo que hace Andolz en Personajes de mi paisaje, como cuando va recordando a sus profesores y sus frases características: “Ay, ay, ay, Andolz, fili mi, ¡mira, un cero te pongo!”, que le decía Basilio Laín, profesor de latín. Qué quieren que les diga, yo veo un hilo entre estos dos autores, por más distancias que Castán crea conveniente marcar con su tío. Yo no conocí a Andolz, el que lo trató fue mi hermano César, que iba con él a los Scouts.

 

Heraldo de Aragón, Huesca, 12.6.07

13/06/2007 19:43 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

20/06/2007

CAVILACIONES DOMINICALES

         He pasado el fin de semana en la nueva ala del hotel Plaza de Castejón de Sos. Eso de “nueva ala” puede dar a entender que se trata de un gran complejo hotelero, pero no es así. Es un hotel pequeño y de tradición familiar, emboscado en una pequeña placita. Marisa es la encargada de que todo funcione bien. He visto que se hospedan en él hombres parapentistas, entran con mochilas voluminosas hacia las habitaciones, con ropa de montaña. Pero, aparte de eso, Marisa invita a músicos y escritores a su hotel. Aunque tiene que madrugar, no se pierde el gin-tonic servido ya tarde entre los cojines del salón. Este viernes se proyectó en ese salón el cortometraje de Laura Sipán, “El talento de las moscas”. El sábado cantó Ángel Petisme en el jardín-huerto de la parte trasera (en colaboración con la Asociación Guayente). Marisa estuvo con una de sus hermanas en el hotel Plaza de Nueva York, que ya ha dejado de existir. El hotel Plaza de Castejón, en cambio, se ha ampliado y están de celebraciones.

         El domingo, de todos modos, quise llegar a mi casa a tiempo para ver el partido del Huesca por Aragón Televisión. Es verdad que lo tenemos difícil para ganar en el partido de vuelta, pero lo de este domingo es ya algo celebrable y que no olvidaremos: ese estadio de Córdoba con cerca de veinte mil espectadores, su retransmisión televisiva, todas esas tomas que podían ser de un partido de primera división, si uno se abstraía un poco... Quiero decir que lo que ya hemos logrado es mucho y que debemos estar orgullosos y contentos. Todas esas llamadas de teléfono que nos cruzamos los oscenses durante el partido, algunos en la misma Huesca y otros desde fuera, los mensajes de texto, las latas de cerveza y cocacola abiertas frente a la pantalla... Hubo jugadas del Huesca realmente bonitas. Pese al resultado, fue un gran domingo.

          Una televisión pública siempre despierta suspicacias, porque es una televisión que va a tender a estar al servicio del poder. O que se va a proponer también defender una cultura, es decir, ser totalitaria. Los canales privados son los que garantizan la pluralidad; el caso más reciente sobre esta materia es el de Hugo Chávez y el canal Radio Caracas, que ha sido cerrado para poner a su cabeza a un hombre del gobierno. Una televisión pública provoca suspicacias en el ámbito autonómico, porque es difícil que no se convierta en un lugar donde los partidos políticos coloquen a unos y a otros haciendo favores. Una televisión pública, a menudo, más que dar lugar a noticias y contenidos, lo que pretende es crear un gran silencio. Existe la tentación de pensar que, entre una población no demasiado numerosa, se puede dar lugar a una red, más o menos corrupta, en la que todo el mundo tenga algún motivo para estar callado y mostrar conformidad, bien porque le toca de un modo directo o por un grado próximo de consanguinidad. Todo esto es inevitable.

         En teoría, un canal público tal vez debería estar pensado sólo para casos de emergencia, una especie de servicio que se activase de modo automático con motivo de una catástrofe natural o golpe de Estado; quizá como servicio permanente meteorológico. Pero debemos ser prudentes y pensar en que este nuevo canal público aragonés, donde vimos el partido el domingo, venía siendo algo oportuno y preciso. No para anular la potencial presencia de otros canales, sino con la idea precisamente de que facilitará la creación de una estructura social y de una prosperidad que dé lugar en el futuro a un libre asentamiento de más iniciativas particulares en este campo, pensando incluso en minicanales individuales, como existen los blogs en Internet. Pero para ello las licencias deberían ser totalmente abiertas.     

Heraldo de Aragón, Huesca, 19.6.2007

20/06/2007 12:00 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

27/06/2007

LA RAZÓN EN SINGULAR

         El discurso de la izquierda, como a menudo se ha comentado, ha ido derivando de defender la universalidad de las ideas y de los valores, herencia de la Ilustración, a defender “los plurales”, en una especie de combinado más o menos folclórico donde no es raro que se acabe abogando por causas de marcado signo reaccionario. Personas de relieve público que en España han defendido causas de perfil feminista, no tienen arrobo alguno en fotografiarse con líderes nacionalistas que pregonan la ley islámica, por poner un caso. Estos líderes no dan la mano a las mujeres intelectuales que se dirigen a ellos, venidas de Occidente, no por ser intelectuales, sino por ser mujeres y no quedar impuros.

         Desde supuestos valores progresistas también se ha defendido, por ejemplo, que en los libros de texto de la asignatura de filosofía, así como en las facultades universitarias, se incluya a las “filosofías orientales”. Qué duda cabe que el estudio del confucionismo, de la mística derviche o de los upanishads es algo de gran interés; de hecho, resulta natural pensar en incluir estos conocimientos en nuestros planes de estudios, en una asignatura del tipo “historia de las religiones”, o así. Pero usar la expresión “filosofías orientales” al mismo nivel que lo que en el ámbito de difusión occidental se viene llamando “filosofía”, es una manifestación más del relativismo que, presentándose como progresista y “comprensivo”, erosiona justamente los fundamentos de nuestro progreso y nuestra comprensión del otro.

         Se ha comentado también a menudo el caso del presidente Zapatero y su “diálogo de civilizaciones”. Presentándose al mundo nuestro presidente con este discurso, pretendidamente bienintencionado y de izquierdas, se ha visto de pronto fuera de juego en el tiempo, con ideas que han quedado algo trasnochadas, o que requieren ser revisadas. Esto le ha llevado a verse rodeado de figuras poco amigas de la democracia, como cabía esperar. La trampa, una vez más, estaba ya en el uso del plural: “civilizaciones”.

         Uno de los ensayos mejores que se han publicado en castellano sobre la tentación occidental de la renuncia a la razón, entendida como universal y única, ajena a los plurales, es “El olvido de la razón”, de Sebreli. En pocas semanas se ha convertido en la novedad editorial de ensayo para este verano. Comienza tratando del giro alemán y romántico que adoptó el pensamiento europeo, de cómo autores como Herder pasan a hablar de “culturas”, entendiendo que cada individuo adquiere su sentido como expresión de una identidad nacional, artística y religosa. Trata de cómo en esos años de exaltación romántica se difumina el concepto de individuo y de ciudadano y se pasa a hablar de “pueblo”, de “destino”. Trata de cómo los pensadores y artistas europeos se lanzan a la búsqueda de lo exótico y buscan la inspiración filosófica, como en el caso de Shopenhauer, en los textos budistas y en la idea del Nirvana. A partir de aquí va diseccionando críticamente a autores como Nietzsche o Heidegger, sin perder de vista las complicidades y consecuencias nefastas en política que han tenido todos estos autores.

         Somos críticos, y hacemos bien, con lo que sucede en las cárceles de Abu Ghraid o Guantánamo, pero a veces somos tolerantes con los patios de tierra en los que se ejecuta a hombres y mujeres por adulterio o delitos de impiedad. No se puede tolerar eso en un mundo cada vez más pequeño. Desde el 11 M, nuestras víctimas de terrorismo y de guerra ya no llevan solo nombres como Manuel o Juan, sino que también son, como esos muertos nuestros en el Líbano, Jefferson, Jeyson, Yhon, Jonatthan...

Heraldo de Aragón, Huesca, 26.6.2007

27/06/2007 00:19 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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