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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2007.

Resumen

04/07/2007

CIUDADANÍA

       Hay cosas que se enseñan y cosas que más bien se muestran. Parece que los valores, en principio, son algo más de mostrarse que de enseñarse. Un profesor de física y química que empieza puntualmente sus clases en el instituto y que muestre respeto por los conocimientos de su asignatura está enseñando ya valores. Los valores son algo que debería impregnar de un modo natural toda la educación, cada profesor. La Ética como asignatura tuvo su justificación como un modo de dar clases alternativas a la religión, lo que sin duda fue oportuno y tuvo su sentido. Podemos decir que aquello fue un logro, un avance a mejor, aunque nunca esta asignatura de Ética haya alcanzado en nuestros colegios un carácter de asignatura del todo seria o autónoma. Si ahora se junta con la de “Educación para la ciudadanía” ya son dos “marías”. Pero hay una diferencia. Mientras que la asignatura de Ética fue un logro de la educación laica española (y también un fracaso, si lo vemos desde el punto de vista de que sirvió para justificar que con dinero público los alumnos pudiesen seguir eligiendo la asignatura de Religión), la de “Educación para la ciudadanía”, además de tener un nombre más largo, y por lo tanto más sospechoso, no se sabe bien con qué intención se ha abierto paso en los planes de estudios. Sin haber contado con esta asignatura hasta ahora, España ha aprobado, por ejemplo, la ley del matrimonio entre homosexuales, que es un referente para otros países europeos que sí cuentan con asignaturas similares a la que se empezará a dar en España el curso que viene. En la medida en que los logros en materia social y de libertades se convierten en propaganda política se genera inevitablemente la reacción contraria, lo cual pone en peligro todo lo logrado.

 

         El incluir asignaturas de perfil ideológico, en lugar de asignaturas de contenidos, conlleva un peligro que se ha perfilado claramente en estas últimas semanas: los colegios concertados, o privados, de perfil religioso, se disponen a “adaptar” los contenidos de Ciudadanía (saltémonos el administrativo “Educación para”) a su propio ideario, con lo cual a lo que hemos llegado es a duplicar las clases de religión, más o menos. En el peor de los casos, en el futuro se nos presenta una educación pública sin inversión suficiente para lograr que sus colegios no sean ghettos donde escolarizar a los hijos de inmigrantes, y donde el nivel de conocimientos se rebaja, y el resto de colegios, en su mayor parte religiosos, que se encuentran con un extra de clases para llenar de contenidos según les vaya. Pero lo peor es que se deja de hacer: esta nueva asignatura es a costa de horas hurtadas a otras asignaturas. Si ya el nivel de las humanidades en nuestros planes de estudios está más bajo que nunca, podemos ir a peor. Creo que a la larga es mejor ampliar el número de horas de inglés, de lengua, de literatura, de historia, de griego o latín, o de física y matemáticas, valorando el aprendizaje y el esfuerzo personal. Esto quizá asegure más la ciudadanía y la democracia. La educación en España parece un partido de pimpón, en el que según mande el PP o el PSOE todo se pretende trastocar. Y eso sí que causa alerta a la ciudadanía.

 

         Recuerdo clases “fuera de programa” que recibí y que me parecen oportunas, como una señora que vino al colegio con una dentadura gigante para enseñarnos a limpiar los dientes. Hay cosas de urbanidad e higiene, incluida la sexual, que se deben enseñar. Aparte de eso, creo que la buena literatura, como el resto de las asignaturas humanísticas, enseñan lo que es el mundo y enseñan los valores que nos hacen mejores. Desconfiar de esto quizá sea desconfiar de nosotros mismos.

 

Heraldo de Aragón, Huesca, 2.7.2007

04/07/2007 02:56 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 9 comentarios.

11/07/2007

EL CALENTAMIENTO DE CABEZA

         El documental que ha hecho Jon Sistiaga sobre Corea del Norte es ya un clásico. Se pudo ver este domingo en el Canal 4. Hasta ahora, un buen documento para hacerse una idea de cómo funciona aquel régimen totalitario era el cómic “Pyongyang” de Guy Delisle. Pero se puede decir que lo de Sistiaga va más lejos aún: esos rostros de civiles que, cuando son preguntados por el extranjero, buscan con miedo, antes de hablar, la mirada del intérprete, del superior, del comisario político. O esas multitudes que son obligadas a dejar sus casas y trasladarse sin justificación aparente, amenazados por supuestos enemigos capitalistas. La verdad es que, si lo pensamos, la mejor televisión que se ha hecho en España coincide con estos años en que se ha extendido el concepto de “televisión basura”.

 

         Esa misma noche del domingo vi otro documental, esta vez en Internet. Lleva meses levantando polémica por todo el mundo. Se trata de “The Great Global Warming Swindle” (“La gran estafa del calentamiento global”; en Internet se puede ver con subtítulos en castellano). Se emitió por primera vez en el Channel 4 de la televisión inglesa. En este documental se ponen en duda buena parte de las tesis hoy extendidas sobre el calentamiento global y el efecto invernadero del CO2 producido por el hombre. Es la respuesta al documental de Al Gore, “Una verdad incómoda”, y es desde luego interesante.

         No soy un experto en cuestiones de la estratosfera y climatología (en realidad como la mayoría de las personas que hablan con convicción sobre el calentamiento global), y acepto el hecho de que podamos encontrarnos ante un problema grave, tal vez catastrófico. Aunque haya motivos para dudar de que vayamos hacia la catástrofe, y de que la responsabilidad sea la contaminación producida por el hombre, hay que aceptar, desde luego, la posibilidad de que todas estas tesis apocalípticas y culpabilizadoras sean ciertas. Pero lo que no tengo por qué aceptar es que digan que los logros de nuestra civilización son intrínsecamente malos o perversos. Entendería que el verano que viene se prohibiese el uso de los aparatos de aire acondicionado, pero no que me digan que el aire acondicionado es malo, porque es algo estupendo. Lo mismos con los coches, por ejemplo. Si hay que prescindir de los vehículos particulares, lo haremos, pero será con nostalgia de ese invento bello y maravilloso que es la máquina automóvil. Si las autoridades tienen que prohibir el uso de los ascensores, subiremos las escaleras andando, pero que no nos sermoneen con que los ascensores y los rascacielos son resultado de nuestra condición dañina. Como en el poema de Dylan Thomas, “No entres dócilmente en esa buena noche./ Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz”, es posible que tengamos que renunciar a muchos placeres de nuestros días, como es el poder ducharse diariamente con agua caliente, o que, llegada la noche, sigan las ciudades iluminadas y activas, pero lo que no deben esperar de nosotros es docilidad, que renunciemos a la razón y a la vida buena, a los buenos sentimientos, que van ligados al afán de saber, al arte, al placer y a la tecnología.

         Generacionalmente me tocó crecer con la idea de que el fin del mundo llegaría, en un plazo de tiempo corto, desde luego, por el desarrollo de la energía nuclear. Hoy, sin embargo, la energía nuclear se presenta como una solución a la catástrofe del calentamiento de la Tierra. Muchos ciudadanos podemos sentirnos desorientados con todo esto, pero sabemos reconocer en muchas de las reivindicaciones ecologistas el viejo puritanismo reaccionario, los signos de los que, sencillamente, detestan lo que representan las ciudades.

 Heraldo de Aragón, Huesca, 10.7.07

11/07/2007 09:49 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 5 comentarios.

18/07/2007

VIDA DE VACACIONES

            Una de los placeres mayores de las vacaciones es pasar unos días haciendo vida normal pero sin ir a trabajar. También está bien viajar, pero es buena idea reservarse unos días para estar en la ciudad donde uno vive normalmente. Está bien quedarse en el sofá viendo películas que uno llevaba tiempo deseando ver. O comprar un libro de cocina y hacer recetas especiales, con ingredientes que uno no usa de modo común. O pasear con nuestra pareja por la calle, a esa velocidad que no tiene edad, con la que se lleva a los niños pequeños de la mano. No sé quién dijo eso de que el mundo se arreglaría si las personas fuesen capaces de pasar un tiempo a solas en una habitación. Pero una definición de persona culta, en el sentido más amplio de la palabra, podría ser esta: el que sabe llevar una buena vida en su propia ciudad estando de vacaciones. Una vida que no se haga insoportable para quienes nos rodean, lo que ya es algo.

            Son días para invitar a cenar a casa a nuestros amigos, sin más justificación que la de que nos gusta estar con ellos (y que uno no ha de madrugar). Y para ir al cine, claro, y hablar mal de las películas, o bien. Yo ayer fui a ver “Los líos de Gray”, que es una comedia romántica en la que uno se ríe más bien poco. La verdad es que estamos viendo unas series de televisión (incluidas las de dibujos animados, como “Padre de familia” o “Futurama”) que están mejor hechas que muchas de las películas que vemos. En “Los líos de Gray” hay diálogos, y secuencias enteras, que no pasarían en las series por falta de calidad. Y eso que la peliculeta no está mal. Una de las cosas que hacen los personajes es hablar de cine.

            Hasta estos días nunca había tenido ocasión de ver dos películas clásicas del cine bélico, o antibélico, como se dice a menudo, como si hiciese falta avisar previamente que uno está en contra de las guerras: “Gallipoli”, de Peter Weir, y “Senderos de Gloria”, de Kubrik. Las dos plantean una situación similar: en la época de la guerra de trincheras, una orden irresponsable manda a un grupo de hombres hacia una muerte absurda. Diré que me ha gustado más la película de Weir que la de Kubrik. Weir retrata el sinsentido de esas muertes, pero sin apartar la mirada de los viejos valores: la amistad, el amor por la cultura, el deseo de conocer mundo, la lealtad... Kubrik en cambio utiliza la sátira, pero en un tono supuestamente mayor, lo que como espectador me desconcierta: esas comilonas de los altos mandos comentando los fusilamientos de la víspera... La tesis de la película parece ser que el ascenso en la cadena de mando es por la vía del cinismo, la cobardía y la corrupción, y que, por tanto, solo cabe encontrar honestidad en los puestos inferiores, el de aquellos que precisamente entregan su vida a las balas enemigas. De la película de Kubrik me gusta y me emociona la secuencia final en que la mujer alemana hace cantar a los soldados. El resto de la película me resulta parcial, quizá porque me resisto a pensar que la esencia de toda jerarquía sea la maldad. Creo, por otra parte, que el cine europeo hizo mal en renunciar a la épica.

            Acabo con dos recomendaciones de libros, de entre los que he leído últimamente. A uno de ellos me refería hace un par de semanas: “El olvido de la razón”, del autor argentino Sebreli. Es la crítica mayor al relativismo que posiblemente se haya escrito en lengua castellana. Es una obra mayor, en todos los sentidos. También he disfrutado leyendo “Ronda del Gijón”, de Marcos Ordóñez. Es un libro de testimonios sobre las épocas doradas de este café. Ana María Matute aparece echando pestes del ambiente del local, aunque luego salva a título personal a buena parte de sus asiduos.

                                                                                                                                                                                                             Heraldo de Aragón, Huesca, 17.7.07

18/07/2007 00:37 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

25/07/2007

DIAS EN VIGO

        Vigo es una ciudad estupenda. Es la ciudad gallega más numerosa de población. Tiene un centro urbano con edificios modernos preciosos, con arquitectura racionalista de los años treinta y cuarenta, y mucho modernismo y eclecticismo. Es una ciudad que creció de pronto, en unas cuantas décadas, y conserva el vigor de ese crecimiento, de ese estirón cosmopolita. De modo que al que pasea por sus calles le llega algo de ese impulso, de esa tensión, aunque se trate de edificios que ya necesiten una restauración. Vigo es un buen lugar para veranear unos días: sopla una brisa fresca, hay unos cuantos restaurantes y tascas recomendables, hay librerías, tiendas de moda de creación propia y animación nocturna. En fin, he pasado unos días en Vigo: he ido a la librería de viejo “Coleccionistas”, cuyo atractivo quizá sea su desorden, la sensación de que uno va a dar con algo inesperado; he ido a los centros de arte de la ciudad, al MARCO, que tenía unas exposiciones interesantes, y a Verbum, que tiene mucho menos interés; fui al concierto de los Arctic Monkeys, que estaba lleno de gente entregada, y que se encontró con un grupo un tanto frío y algo monótono –las críticas que se publicaron en los días sucesivos iban en esta línea: frío ártico... –,  he comido marisco –diré que no he sabido dar con un sitio donde lo hagan bien, sobre todo el arroz; sin duda esto se debe a mi torpeza, y a que no he contado con mi guía particular en la ciudad, mi amigo Noé, que debe andar estos días de viaje de recién casado–, he ido al cine –“Next”, que una vez más se trata de una película de ciencia ficción basada en un texto de Philip K. Dick; no es la mejor, desde luego, pero está bien y es desasosegante– y he ido en barco a las islas Cíes para ver las aves marinas y darme un baño –las excursión a las islas Cíes está muy bien organizada, con azafatas que ayudan a comprar el billete de acceso y ofrecen información, y rutas marcadas en la isla, según las ganas de andar con las que se vea uno–.

         Reconozco que iba con algo de escepticismo a las islas Cíes, si no llega a ser por el recuerdo de la canción de “matan hippies en las Cíes” creo que no me hubiese embarcado. Sin embargo, y ya que parece que esto va a ser un artículo de viajes, diré que la visita a estas islas, que forman parte del horizonte vigués, es una experiencia muy agradable: la vista de los acantilados con las gaviotas y sus crías hambrientas es emocionante, el olor a sal de mar y fermentación animal es tonificador, la arena de la playa es blanca y maravillosa. En cierto modo, la naturaleza, como el paisaje, es un invento de las ciudades. Esto es sabido. Las Cíes están muy limpias, y ofrecen a primera vista un modelo de convivencia entre naturaleza y ciudad.

         Entre las exposiciones del MARCO, que era una antigua cárcel del centro de la ciudad, hay una dedicada a artistas jóvenes franceses. Y entre ellos encontré una obra de la videoartista Valérie Mréjen, que es también escritora, y de la que hablé en esta columna a propósito de su estupendo libro “El abuelo” (Periférica). Es su obra la que más me gustó del museo: en su vídeo se veía a israelíes contando a cámara cómo en alguna ocasión infringieron algún tipo de mandato religioso, es decir, algo que no era malo en sí, pero que forma parte de su tradición religiosa. Cosas del tipo de comer algo que está prohibido por el judaísmo, escuchar música el día en que no se debe, o enchufar un interruptor el día de descanso. Las personas cuentan esto como una experiencia liberadora, con una sencillez absoluta. El espectador piensa entonces en que si fuesen musulmanes, hoy por hoy, quizá no podrían expresar estas cosas así de abiertamente.

Heraldo de Aragón, Huesca, 24.7.07

25/07/2007 01:10 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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