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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2007.

Resumen

05/12/2007

RADICALES

             El presidente Zapatero, tras tener conocimiento de los últimos crímenes terroristas contra guardiaciviles españoles, dijo que quería manifestar su “oposición radical” al terrorismo. Quizá aquí sobrara el adjetivo “radical”, porque puede dar a entender que otras veces, o según la gravedad del atentado, su oposición puede no ser así de radical. Desconcierta un poco, en todo caso. La radicalidad contra la violencia terrorista de un presidente de gobierno democrático va implícita en su cargo, y daña la legitimidad del propio cargo en la medida en que la explicita. Es como si alguien dijese que su oposición al terrorismo es “moderada”. O, dicho de otro modo, lo radical no es que uno se oponga al terrorismo, sino que lo radical es la propia democracia. El terrorismo, sea de raíz islamista o vasca, por nombrar a los que nos afectan, es precisamente la oposición a la radicalidad de la razón y de la ley, y al pensamiento de que todas las personas debemos aspirar a unos mismos derechos, como son los de libre circulación, libre expresión, o la libertad sexual. La izquierda, en cambio, ha ido dando un giro por el cual la expresión “radical”, de la que se adueña, pasa a significar lo contrario de lo que han sido los logros progresistas de la Ilustración, y de la tradición racional del pensamiento grecolatino, que es, sencillamente, el pensamiento.

            Cuando una persona dice que se opone “radicalmente” al terrorismo, de alguna manera está diciendo que “entiende” ese terrorismo, y que si ellos son radicales en su postura violenta, él también lo es en su defensa de la democracia. Pero sucede que son radicalismos distintos, no equiparables. Los terroristas no son unas ovejas descarriadas que, al fin y al cabo, forman parte de nuestro mismo rebaño. En España, movidos por un mal entendido romanticismo, hemos estado simpatizando con todos los movimientos que en América Latina han tomado las armas en nombre de lo que llaman “el pueblo”. Los verdaderos radicales de Latinoamérica, es decir, los que se han opuesto al populismo militar, al indigenismo totalitario, y a los visionarios de camiseta, a menudo se han sentido huérfanos en el ámbito de la lengua española. García Márquez, por ejemplo, es alguien sobre quien se practica una abierta veneración en España, por más que se alinee junto a dictadores como Castro, cosas que, al margen de su calidad como autor, pasamos por alto con una medio sonrisa; mientras que, entre la clase bienpensante, se ha instituido socialmente que si alguien quiere manifestar que le ha gustado algún libro de Vargas Llosa, ha de aclarar previamente: “aunque no estoy de acuerdo con sus artículos de opinión”. Yo no sé si estoy de acuerdo o no con los artículos de opinión de este autor, a veces sí y otras veces no, como con cualquier articulista, pero reconozco como significativo que este tipo de aclaraciones se dirijan al escritor sudamericano más famoso que propone como modelo de desarrollo el que está siguiendo el Chile actual, frente al de Chávez en Venezuela.

            En el ámbito de nuestro lenguaje, se entiende que lo “radical” es bueno mientras que lo “ultra” es malo. Se entiende que un activista violento de izquierdas, alguien que se opone al “sistema”, o que pertenece a los llamados movimientos antiglobalización, es alguien que, sencillamente, se “excede” en sus métodos: un radical. Mientras que el prefijo “ultra” se reserva a lo que se considera conservador, como un modo de descalificación o de desactivación apriorística de su pensamiento. Pero a lo que se parece un radical es a un ultra. Nuestro presidente del gobierno debería poner cuidado en que sus palabras no parezcan las de un ultra.

Heraldo de Aragón, Huesca, 4.12.07

05/12/2007 01:17 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

12/12/2007

PLANTAR UN ÁRBOL

         Dentro de las actividades extraescolares por las que pasé no estaba la de plantar un árbol. Entre las salidas que recuerdo con más viveza, está la visita al matadero industrial de pollos Chías, y el día pasado en la Base Americana de Zaragoza, con la mirada puesta en aquel barrio de casitas donde se hablaba en inglés.

         Digo lo de plantar un árbol porque a menudo veo que otros escolares lo hacen. Y hay una secuencia entera sobre esto en el documental “Escuela de Tardienta (Huesca), 1973-2006”, de Ángel Gonzalvo y Carlos Vasco. El documental se pudo ver en el ciclo Proyectaragón. La secuencia a la que me refiero es del año 1973: aparecen los escolares de Tardienta plantando árboles bajo la mirada próxima de los profesores, y con el fondo de un grupo de guardiaciviles y de lo que parecen autoridades.  A algunos niños se les ve diestros en estas imágenes mudas, rodadas en superocho, mientras que otros se manejan torpemente con la azada. Los diestros, los que saben trabajar en el campo, parecen estar diciendo a los torpes “quita, quita, que ya lo hago yo”, con lo que, de ser así, como cabe imaginar, se desvirtuaban en algo los propósitos de la actividad.

         En todo caso, el documental sobre la escuela de Tardienta es un documento realmente valioso y por momentos conmovedor. También se puede ver bajo el prisma del a menudo problemático rendimiento actual de nuestros alumnos y de los cambios pedagógicos que por entonces, de un modo germinal, empezaban a llevarse a cabo. Hubo una persona en el año 73 que cogió una cámara de superocho y, con la colaboración de los profesores y de los alumnos, registró cómo era la vida entonces en el colegio. Es ya un gesto que hoy le agradecemos. Llama la atención que las chicas y chicos aparecen bien vestidos, muy a la moda, con sus pantalones acampanados, sus cuellos largos y sus abrigos de botones aparatosos. Las profesoras, por su parte, trataron de alegrar las aulas con plantas; se ven aulas, por otra parte, de grandes ventanales, con lo que el efecto es realmente luminoso. Sobre las imágenes mudas se oyen las voces actuales de aquellas profesoras y profesores, pasados los años. El tono en el que hablan estas personas mayores es difícil de definir: queda ilusión y orgullo en ellos por lo que hicieron, y por los cambios en la educación de los que ellos eran entonces protagonistas, a la vez que por momentos se percibe algo de cansancio y de distancia respecto a aquello. Las clases empezaron entonces a ser mixtas, y ya no se les exigía a los alumnos que fuesen del autobús a las aulas en formación, como “militares”, según cuentan los profesores. Es el momento en que se pone de moda también el rechazar los libros de texto en los colegios, y trabajar mediante el conocido sistema de fichas, que los propios alumnos elaboraban. Es el momento de la autoprogramación de los escolares (cada uno se pone sus propias tareas), del no aprender conocimientos sino “aprender a aprender”, etcétera. Sin duda esto trajo sus cosas buenas, pero también malas y lastrantes. Y se fomentaban entonces también las labores agrícolas para escolares y bachilleres, como la de esa secuencia al aire libre de los estudiantes de Tardienta.

 

           Plantar un árbol es un bonito símbolo, con más sentido entonces en aquellos años del final de una dictadura. Aunque también se puede ver no como el anuncio de la democracia, sino como un afán de “reeducación” a la manera maoísta, el ideal agrario y reaccionario, esa línea que llevó a Pol Pot a matar a los que llevaban gafas. Ya sé que exagero, pero todo tiene un comienzo. El entender que las clases liberales deben pasar por ese inclinarse ante la tierra. Como digo, es según se mire.

Heraldo de Aragón, Huesca, 11.12.07

12/12/2007 17:45 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

18/12/2007

A LAS PUERTAS DE GUTENBERG

         Las universidades existentes en los países de mayoría musulmana apenas suman quinientas en el mundo (muchas de ellas, por otra parte, dadas sus restricciones ideológicas, son llamadas “universidades” de un modo quizá demasiado generoso). Solo en Estados Unidos hay cinco mil, y en la India ocho mil. Casi trescientos millones de personas hablan árabe, pero los libros que se editan en esa lengua no alcanzan a los que se editan en griego, lengua hablada por quince millones de personas. Casi la mitad de los musulmanes del mundo son analfabetos o no han ido a la escuela (principalmente las mujeres, pero no solo). Extraigo estos datos del debate que mantuvieron Ayaan Hirsi Ali y Husain Haqqani en Monterrey, y que recoge transcrito el último número de la revista “Letras libres”. Hay que decir que fue un debate peculiar, ya que Hirsi Ali habló, según se da a entender, por videoconferencia, debido a razones de seguridad. Ella conoce de cerca los daños del fanatismo. Indirectamente: el director de un guión cinematográfico suyo, Theo Van Gogh, fue asesinado. Y directamente: la mutilación genital. Sobre ambas cosas ha escrito con profundidad y arrojo. Ante la frivolidad académica y autorreferencial de buena parte de los libros de pensamiento que se han venido publicando, ante el relativismo de muchos de los intelectuales occidentales, se puede decir que la voz de Hirsi Ali, una mujer somalí que huía de un matrimonio concertado y del horror del integrismo, ha marcado un antes y un después.

 

         Me he acordado del dato de las universidades del mundo islámico ahora que todavía tenemos próximos los universitarios muertos en Argelia. Ir a la universidad es algo magnífico, no solo por ser la vía a puestos de trabajo considerados de nivel alto, sino por el mero hecho de ser una puerta al saber y a la mejora del mundo. Nacer en un país musulmán y aprender a leer es ya algo heroico para una parte considerable de su población. Ir a la universidad es proporcionalmente una cosa de privilegiados. Pero, dado este paso, vienen las propias limitaciones de la universidad. Otra autora de un país por el que se extendió el Islam, Marjane Satrapi, describe en “Persépolis” el ambiente de su Facultad de bellas artes: con comicidad cuenta cómo en las clases de dibujo los modelos, en lugar de mostrarse desnudos, se exhiben bajo sábanas… Cuenta también cómo un compañero suyo muere al caer de un tejado mientras huía de una redada de los “guardianes de la revolución”, cuando celebraban un guateque.

 

          La postura de Hirsi Ali en el debate de Monterrey viene a ser que el problema no son los islamistas radicales, sino el Islam, sin más. Su interlocutor, Haqqani, periodista y diplomático pakistaní, viene a decir que el problema no es el Islam, sino los radicales. Aunque él mismo reconoce que es difícil encontrar un país de mayoría islámica donde funcione medianamente alguna clase de democracia. Es la vieja cuestión: el invento de Gutenberg llegó a los países árabes con dos siglos de retraso, y fue visto como una amenaza y algo despreciable. Sólo en España se editan más libros que en todo el mundo islámico.

         Aunque de carácter distinto, otro freno a Gutenberg, y por tanto a las libertades y al flujo de ideas, fue el del sistema de escritura de China y otros países orientales: los ideogramas. Esto lo cuenta la francesa Fabienne Verdier en su libro “Pasajera del silencio”, que acaba de publicar Salamandra. Ella va a buscar a China precisamente ese mundo supuestamente esencial que contiene la escritura de trazo de pincel, con su carácter único e intransferible. De todos modos, luego, cuando vuelve, se sirve de la imprenta y de un libro para contárnoslo.

Heraldo de Aragón, Huesca, 18.12.07

18/12/2007 21:57 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 1 comentario.


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