ismaelgrasa |
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Cerca de mi casa hay un paseo al que han cambiado los semáforos. Las figuras humanas que se iluminan frente a los pasos de cebra tienen ahora perfil de mujer o de hombre, alternándose. La mujer viene representada por una falda; se supone que la otra figura, la que va sin falda, es el hombre. Mientras los peatones esperamos nos fijamos en esta novedad, cada vez más extendida. La última vez que estuve en Francia me fijé en que en algunos de los nuevos semáforos había una figura esquemática de hombre, en su sentido genérico, a la que no se le podía atribuir sexo: una especie de palito largo con un círculo de cabeza y dos piernas. Lo de la falda no recuerdo haberlo visto antes. Un rato después observo otra cosa: a lo largo del paseo nuevo el color rojo, el de permanecer detenido, viene representado con la figura masculina, mientras que el verde es para la femenina. Pienso que hubiese sido mejor combinar el rojo y el verde con ambos sexos, ya puestos, porque si no parece que hay un extraño revanchismo: el color antipático para lo masculino, mientras que la figura del movimiento, y el color de la esperanza y la ecología, se reserva para lo femenino. Pero, observando más de cerca uno de estos semáforos –las esperas en las calle dan para estas algo estériles y bizantinas cavilaciones–, observo que existe la plantilla sobrepuesta de los dos sexos en cada color, y que si se ha elegido el rojo para el masculino ha sido por el programador de la calle, no por el fabricante. Después hablo de todo esto con mi pareja, y comentamos otros casos sobre iconografía de sexos, un poco cambiando de idea cada uno de nosotros conforme conversamos. Ella se ha fijado que en el autobús que coge cada día hay una pegatina para los asientos reservados donde aparece la figura masculina de un anciano y la femenina de una mujer con un niño en brazos. La cuestión es que podría haber sido al revés: la figura inclinada sobre su bastón podría haber sido una mujer, mientras que el hombre sujetase un niño. Es verdad que todas estas cuestiones son viejas e interminables, pero la vida en sociedad no es más que un ajuste diario de estos asuntos. Heraldo de Aragón, Huesca, 20.11.07
Fecha: 28/11/2007 14:50. |