El vídeo de las Juventudes socialistas es zafio y desalentador. Algunas de las personas que pusieron reparos a la asignatura de “Educación para la Ciudadanía” alegaban que es una asignatura que no existiría si no existiese el PP. Y que por lo tanto supone trasladar a las aulas un enfrentamiento particular, partidista, y un poner a los profesores de esta asignatura en una situación embarazosa y coyuntural. Uno de los pocos éxitos en esta legislatura del PSOE quizá haya sido, a su comienzo, el de la equiparación de derechos de los homosexuales y el reconocimiento de sus matrimonios, algo que dejó fuera de juego al PP, con algunos de sus miembros y sus psiquiatras sacando a la luz su cara más siniestra y débil. Y al final de esta legislatura errática, en la que no han dejado de asomar los flecos totalitarios, con una política exterior que nos ha avergonzado a muchos (el alinearnos con Chávez, con Morales, y así), parece que este partido ha querido agarrarse a algo que creía que le había salido bien, y donde ya existía la asignatura de Ética, y la de la de la alternativa a la religión, ha incluido a última hora una nueva asignatura de las “leves” a unos meses de las elecciones, tratando que así el lado más rancio del PP volviese a quedar al descubierto. Pero lo que ha pasado esta vez ha sido lo contrario, que lo que ha quedado a la vista y fuera de juego es el lado turbio del PSOE y de sus juventudes.
En el vídeo de los socialistas llama la atención su final: el rostro del chico que representa al PP se transforma en blanco y negro, como en papel impreso, y sobre él se estampa contundente un sello en el que se lee “suspenso”. Porque se puede pensar que un suspenso, dentro de la retórica que a menudo manejan estos colectivos de izquierda, no deja de ser algo discriminatorio, algo de otra época. Como decían las juventudes maoístas, los únicos que merecen suspensos son en realidad los profesores, que representan los viejos valores: todos esos maestros que fueron obligados a llevar gorros de cucurucho durante la Revolución Cultural, algo parecido a nuestras orejas de burro. No deja de ser significativo ese sello de suspenso tan enérgico sobre el chico del PP. No sólo se puede suspender entonces al maestro, sino también al traidor de clase. En realidad ese sello de suspenso, el tamponazo de estas Juventudes, suena más a un sello administrativo de arresto o de una sentencia peor.
Hay otra cosa en el vídeo que me ha llamado la atención, y es que de entre las cuatro o cinco palabras escogidas para representar la “Educación para la Ciudadanía”, una sea el nombre del Gandhi. ¿Realmente se puede decir que este hombre fuese un defensor del progreso y de las libertades? La retirada de los occidentales de las colonias estuvo lejos de significar, como se podía imaginar, el logro rápido de la libertad y del progreso. Más bien al contrario. Pero esta es una vieja cuestión. A lo que voy es que en el vídeo se define a Gandhi como “defensor de los derechos de los pueblos”, cuando lo primero que debería enseñar la asignatura en cuestión es que los derechos no son de los pueblos, sino de las personas, de los ciudadanos. Si el derecho es de los pueblos, ¿qué es de quien no se identifica con esa identidad colectiva, con esa cultura, con esa “unidad de destino”?
Es escandaloso que un partido político convierta oficialmente una asignatura impuesta por él en arma arrojadiza contra otro partido democrático, y que ponga en una situación tan expuesta e incómoda a los miles de profesores que han de impartirla cada semana. Esto está sólo a un paso de que les volvamos a poner las orejas de burro y los saquemos a las calles para escarnio.
Heraldo de Aragón, Huesca, 9.10.07