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VIDA DE VACACIONES

            Una de los placeres mayores de las vacaciones es pasar unos días haciendo vida normal pero sin ir a trabajar. También está bien viajar, pero es buena idea reservarse unos días para estar en la ciudad donde uno vive normalmente. Está bien quedarse en el sofá viendo películas que uno llevaba tiempo deseando ver. O comprar un libro de cocina y hacer recetas especiales, con ingredientes que uno no usa de modo común. O pasear con nuestra pareja por la calle, a esa velocidad que no tiene edad, con la que se lleva a los niños pequeños de la mano. No sé quién dijo eso de que el mundo se arreglaría si las personas fuesen capaces de pasar un tiempo a solas en una habitación. Pero una definición de persona culta, en el sentido más amplio de la palabra, podría ser esta: el que sabe llevar una buena vida en su propia ciudad estando de vacaciones. Una vida que no se haga insoportable para quienes nos rodean, lo que ya es algo.

            Son días para invitar a cenar a casa a nuestros amigos, sin más justificación que la de que nos gusta estar con ellos (y que uno no ha de madrugar). Y para ir al cine, claro, y hablar mal de las películas, o bien. Yo ayer fui a ver “Los líos de Gray”, que es una comedia romántica en la que uno se ríe más bien poco. La verdad es que estamos viendo unas series de televisión (incluidas las de dibujos animados, como “Padre de familia” o “Futurama”) que están mejor hechas que muchas de las películas que vemos. En “Los líos de Gray” hay diálogos, y secuencias enteras, que no pasarían en las series por falta de calidad. Y eso que la peliculeta no está mal. Una de las cosas que hacen los personajes es hablar de cine.

            Hasta estos días nunca había tenido ocasión de ver dos películas clásicas del cine bélico, o antibélico, como se dice a menudo, como si hiciese falta avisar previamente que uno está en contra de las guerras: “Gallipoli”, de Peter Weir, y “Senderos de Gloria”, de Kubrik. Las dos plantean una situación similar: en la época de la guerra de trincheras, una orden irresponsable manda a un grupo de hombres hacia una muerte absurda. Diré que me ha gustado más la película de Weir que la de Kubrik. Weir retrata el sinsentido de esas muertes, pero sin apartar la mirada de los viejos valores: la amistad, el amor por la cultura, el deseo de conocer mundo, la lealtad... Kubrik en cambio utiliza la sátira, pero en un tono supuestamente mayor, lo que como espectador me desconcierta: esas comilonas de los altos mandos comentando los fusilamientos de la víspera... La tesis de la película parece ser que el ascenso en la cadena de mando es por la vía del cinismo, la cobardía y la corrupción, y que, por tanto, solo cabe encontrar honestidad en los puestos inferiores, el de aquellos que precisamente entregan su vida a las balas enemigas. De la película de Kubrik me gusta y me emociona la secuencia final en que la mujer alemana hace cantar a los soldados. El resto de la película me resulta parcial, quizá porque me resisto a pensar que la esencia de toda jerarquía sea la maldad. Creo, por otra parte, que el cine europeo hizo mal en renunciar a la épica.

            Acabo con dos recomendaciones de libros, de entre los que he leído últimamente. A uno de ellos me refería hace un par de semanas: “El olvido de la razón”, del autor argentino Sebreli. Es la crítica mayor al relativismo que posiblemente se haya escrito en lengua castellana. Es una obra mayor, en todos los sentidos. También he disfrutado leyendo “Ronda del Gijón”, de Marcos Ordóñez. Es un libro de testimonios sobre las épocas doradas de este café. Ana María Matute aparece echando pestes del ambiente del local, aunque luego salva a título personal a buena parte de sus asiduos.

                                                                                                                                                                                                             Heraldo de Aragón, Huesca, 17.7.07

18/07/2007 00:37 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente.

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Autor: eduardo

"Toda la infelicidad de los hombres proviene de una cosa: no saber estar inactivos en una habitación" B. Pascal.
Es más cómodo leerte por aquí, sí, hasta para este puntilloso ex-alumno oscense; no te quemes en la playa del Ebro, Ismael.
Saludos, Eduardo.

Fecha: 18/07/2007 20:07.



Autor: Ismael

Gracias por tu cita, Eduardo, una vez más me pones en mi sitio. Abrazos

Fecha: 22/07/2007 21:15.


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