ismaelgrasa |
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He pasado el fin de semana en la nueva ala del hotel Plaza de Castejón de Sos. Eso de “nueva ala” puede dar a entender que se trata de un gran complejo hotelero, pero no es así. Es un hotel pequeño y de tradición familiar, emboscado en una pequeña placita. Marisa es la encargada de que todo funcione bien. He visto que se hospedan en él hombres parapentistas, entran con mochilas voluminosas hacia las habitaciones, con ropa de montaña. Pero, aparte de eso, Marisa invita a músicos y escritores a su hotel. Aunque tiene que madrugar, no se pierde el gin-tonic servido ya tarde entre los cojines del salón. Este viernes se proyectó en ese salón el cortometraje de Laura Sipán, “El talento de las moscas”. El sábado cantó Ángel Petisme en el jardín-huerto de la parte trasera (en colaboración con la Asociación Guayente). Marisa estuvo con una de sus hermanas en el hotel Plaza de Nueva York, que ya ha dejado de existir. El hotel Plaza de Castejón, en cambio, se ha ampliado y están de celebraciones. El domingo, de todos modos, quise llegar a mi casa a tiempo para ver el partido del Huesca por Aragón Televisión. Es verdad que lo tenemos difícil para ganar en el partido de vuelta, pero lo de este domingo es ya algo celebrable y que no olvidaremos: ese estadio de Córdoba con cerca de veinte mil espectadores, su retransmisión televisiva, todas esas tomas que podían ser de un partido de primera división, si uno se abstraía un poco... Quiero decir que lo que ya hemos logrado es mucho y que debemos estar orgullosos y contentos. Todas esas llamadas de teléfono que nos cruzamos los oscenses durante el partido, algunos en la misma Huesca y otros desde fuera, los mensajes de texto, las latas de cerveza y cocacola abiertas frente a la pantalla... Hubo jugadas del Huesca realmente bonitas. Pese al resultado, fue un gran domingo. Una televisión pública siempre despierta suspicacias, porque es una televisión que va a tender a estar al servicio del poder. O que se va a proponer también defender una cultura, es decir, ser totalitaria. Los canales privados son los que garantizan la pluralidad; el caso más reciente sobre esta materia es el de Hugo Chávez y el canal Radio Caracas, que ha sido cerrado para poner a su cabeza a un hombre del gobierno. Una televisión pública provoca suspicacias en el ámbito autonómico, porque es difícil que no se convierta en un lugar donde los partidos políticos coloquen a unos y a otros haciendo favores. Una televisión pública, a menudo, más que dar lugar a noticias y contenidos, lo que pretende es crear un gran silencio. Existe la tentación de pensar que, entre una población no demasiado numerosa, se puede dar lugar a una red, más o menos corrupta, en la que todo el mundo tenga algún motivo para estar callado y mostrar conformidad, bien porque le toca de un modo directo o por un grado próximo de consanguinidad. Todo esto es inevitable. En teoría, un canal público tal vez debería estar pensado sólo para casos de emergencia, una especie de servicio que se activase de modo automático con motivo de una catástrofe natural o golpe de Estado; quizá como servicio permanente meteorológico. Pero debemos ser prudentes y pensar en que este nuevo canal público aragonés, donde vimos el partido el domingo, venía siendo algo oportuno y preciso. No para anular la potencial presencia de otros canales, sino con la idea precisamente de que facilitará la creación de una estructura social y de una prosperidad que dé lugar en el futuro a un libre asentamiento de más iniciativas particulares en este campo, pensando incluso en minicanales individuales, como existen los blogs en Internet. Pero para ello las licencias deberían ser totalmente abiertas. Heraldo de Aragón, Huesca, 19.6.2007 |