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RECTIFICACIONES

         La verdad es que no deja de resultar paradójico que al único dirigente internacional al que se le obligue a rectificar en sus declaraciones sea el único que históricamente ha gozado del don de la infalibilidad, o sea, el Papa. Puede salir Fidel Castro o el presidente de Irán diciendo barbaridades contra los derechos civiles, que la cosa no suele llegar muy lejos. De las palabras del Papa, en cambio, se hace un escrutinio riguroso. Y se da una segunda paradoja, y es que se le está obligando a rectificar justo ahora que dice cosas que pueden resultar interesantes.

         Me refiero, por ejemplo, a la célebre cita del siglo catorce que el Papa leyó en la Universidad de Ratisbona, y que provocó protestas y actos violentos entre los islamistas: “Muéstrame aquello que Mahoma ha traído de nuevo...” Denunciaba entonces el hecho de que la fe se expandiese mediante la violencia. No hace falta decir que lo mismo se podría aplicar al cristianismo, etcétera, pero aquella cita no estaba del todo mal traída. Los islamistas afganos pueden hacer estallar los budas de Bamian, en una imagen ya de nuestra época, pero entienden como una agresión que un caricaturista haga un chiste sobre Mahoma. A menudo los islamistas entienden que es un derecho suyo el edificar mezquitas en los países occidentales, pero rara vez coinciden en respetar este derecho de libertad religiosa en los países de los que proceden: se da por hecho que uno no puede ser budista en Afganistán, por ejemplo. Quizá Benedicto XVI tenga cierta vocación de intelectual polemista, de hecho siempre lo ha sido: Ratzinger. Juan Pablo II tenía un perfil más de populista místico, no es casual que su tesis fuese sobre San Juan de la Cruz. La verdad es que no es difícil imaginar a Ratzinger leyendo artículos y blogs de Internet y participando en foros, polemizando anónimamente. Yendo más allá, es significativo que en la blogosfera estén tan extendidos los apodos o nicks de Benedicto 16, o Benedicto. Habla de algo que está en el aire. Ratzinger es un hombre de cultura, por su cabeza pasan citas de diálogos de persas con emperadores bizantinos. Ha de ser duro para él que sus palabras tengan ahora que ser doctrina, y tener que rectificar con la boca pequeña.

 

         El mejor indicador de que Ratzinger no va descaminado es que los que le están haciendo rectificar son, por lo general, hostiles a la democracia o a los valores occidentales, entendiendo por “occidentales” universales, es decir, hijos de la razón. A los islamistas radicales, si vale la redundancia, se le han añadido voces como la de Hugo Chávez (ese defensor de la libertad de expresión), Leonardo Boff (que recientemente ha definido el cambio climático como  “un látigo de Dios que restablecerá la justicia”) y dirigentes indigenistas. No cabe duda de que a Ratzinger le gusta provocar porque es un hombre de ideas. Lo que dijo en Brasil es que la evangelización en América “no supuso en ningún momento una alienación”. Creo que esto se puede defender en un doble sentido: que no fue una alienación en el sentido de que, al fin y al cabo, las supersticiones que tuviesen los indígenas no eran menos alienantes (y quizá incluso más sangrientas); y en el sentido, más interesante, de que la evangelización podía ser la puerta de la liberación propia de una civilización más desarrollada. Porque, desde la cristianización de Roma, podemos decir que la razón, para sobrevivir, quizá se convirtiese en una especie de organismo parásito de la evangelización, como en un caballo de Troya. ¿Es el Papa lo que cree ser? ¿No será consciente de ello Ratzinger, envuelto en Benedicto XVI? ¿De dónde todos esos “lapsus linguae”?

 

Heraldo de Aragón, Huesca, 29.5 06

29/05/2007 23:50

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