ismaelgrasa |
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Esta semana son ya las elecciones. Me gusta acordarme de que puedo votar, es un privilegio del que no disfruta buena parte del mundo. También me gusta votar en pequeñas cosas, como en los artículos de prensa de Internet, o críticas de películas, en que el lector puede dejar constancia de si le ha gustado mucho o poco. No he votado para Eurovisión, pero reconozco que frecuentemente participo en alguna clase de valoración anónima o foro. Y también pienso que estoy lejos de ser un relativista. En el campo de la filosofía me siento atraído cada vez más por Aristóteles. Le cogí algo de manía a este pensador porque, durante los tres años en que estudié en la universidad del Opus Dei, en Pamplona, tuve que estudiar sus textos como una propedéutica a la filosofía de Santo Tomás y a cierta ortodoxia católica. Ahora lo he reencontrado. Muchas personas recordarán también la Biblioteca municipal que se encontraba en el Casino, en el lugar que hoy ocupa el restaurante Lillas Pastia. Yo frecuentaba ese lugar, y luego fui de los primeros socios de la nueva biblioteca, al comienzo de la avenida Pirineos. Para mí es también un privilegio que mi sede electoral esté ahí, vinculada a los libros. La libertad y la democracia tienen que ver con confiar en el orden de lo escrito, en las instituciones. Quizá sea un atavismo de barbarie el respeto que conservamos por los que no escribieron. Por ejemplo, para ser venerado en una religión, es importante, casi imprescindible, no haber escrito nada. Sabemos que Cristo sabía escribir, los evangelistas cuentan de él que trazó unas palabras en la arena, pero no dejó nada anotado que conozcamos (el error siempre será de los otros, de los intérpretes, etcétera). No escribir es la mejor manera de no equivocarse. La escritura nos muestra imperfectos. Se veneran iconos como el Che, cuando nadie ha leído al Che. Casi da la impresión de que para aparecer en una camiseta sea una condición la agrafía, o no ser conocido por lo que uno escribió. A menudo Sócrates, que no escribía, se gana una extraña simpatía entre los estudiantes, un sentimiento que no comparten tanto con Platón o los que sí escribieron después de él (también creo que la muerte por ideas, como la de Sócrates, a menudo está sobrevalorada) O fascinan personajes que dejaron de escribir, como Rimbaud, que también vale para una camiseta. Supongo que ir a votar está relacionado con todo esto. La democracia tiene que ver con el mundo sin fronteras que vemos como una meta. Supongo que el domingo tomaré el vermú en los porches de Galicia, que es una parte de la ciudad muy razonable, con sus quioscos y su ensanchamiento de calle. También quiero ver la exposición del pintor Viladrich en Fraga. A ver si sale buen tiempo. Heraldo de Aragón, edición de Huesca, 22.5.07
Fecha: 24/05/2007 01:42. |