ismaelgrasa |
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En Francia ha votado más del ochenta y cinco por ciento de los electores, lo que es ya una buena noticia, al margen de cuál haya sido el resultado. Ir a votar no es fácil, a veces incluso no es barato. Tengo compañeros de trabajo franceses que han tenido que hacer diversos viajes y gestiones para poder participar en la elecciones. Durante semanas, a la hora del café, se ha hablado en mi trabajo sobre las elecciones francesas. Estoy seguro de que se ha hablado más de Ségolène y Sarkozy que lo que hablaremos de Marcelino Iglesias y sus opositores en las próximas elecciones autonómicas. Esto último quizá hable de que entre nosotros las cosas no acaben de ser normales. Pero, en todo caso, quería comenzar la columna de hoy celebrando esa alta participación francesa, más cuando políticos como Le Pen habían llamado a la abstención tras la primera vuelta. En unas elecciones políticas se debaten ideas, programas. El miedo, la satanización, es una camino peligroso. En nuestro país la izquierda ha repetido durante semanas que Sarkozy “da miedo”, sin entrar a penas en la discusión de si sus medidas para sanear la economía del país, por ejemplo, son oportunas o no. Hay un punto de responsabilidad que debemos alcanzar, porque, en nuestro ámbito, mutuamente el PP y el PSOE se tratan como si no estuviesen en el mismo bando, que es el único bando posible. Unos equiparan a los otros con los terroristas, y los otros se presentan a sí mismos como “un punto intermedio” entre los terroristas de izquierda y los fanáticos del PP. La democracia está lejos de ser un punto intermedio. Pero de lo que hoy quería escribir unas líneas es de lo que en Italia llaman el tuttologo, las personas que tienen opiniones para todo, y que a menudo participan en debates radiofónicos o televisivos. El tuttologo está desprestigiado, tanto entre nosotros como entre los italianos es un término despectivo, cuando, si lo pensamos, el tuttologo representa la esencia de la democracia. El que desprecia al que tiene opiniones sobre todo a menudo está pensando que la democracia no es más que una engañifa demagógica por la que cuatro infelices van a votar, cuando en realidad aquello resulta un gesto irrelevante. He leído varios textos en que se descalifica el libro de Umberto Eco “A paso de cangrejo” por tratarse de un tuttologo, cuando la cuestión es si las opiniones que da son acertadas o no. A mí me parece que, en general, el tono del libro es desacertado, pero sobre este libro ya escribí en este periódico: es irresponsable equiparar, como hace Eco, el fanatismo de Al Qaeda con el sistema educativo norteamericano por el hecho de que en algunos escuelas pongan en duda el evolucionismo; o equiparar a Berlusconi con Mussolini, sin reconocerle en ningún momento su carácter democrático. Esa sería precisamente la otra cara del modelo totalitario: si no vencemos al rival con la estrategia del miedo, hay que derribarlo con la estrategia de declarar su ilegitimidad. Es magnífico que las personas tengan opiniones sobre las cosas, y las analicen y busquen fuentes de información. Los blogs contribuyen eficazmente a este asentamiento de un debate natural y continuo. La democracia es un sistema que parte de la idea de que no existe “lo profundo”, sino de que todo es razonable a un nivel humano, asequible. Todo se puede expresar después de un trago de agua. Desde luego que hay cosas complicadas, como fórmulas físicas o análisis bursátiles, pero eso no quiere decir que sean profundas. La educación debe formar ciudadanos, de ahí la importancia de las asignaturas de humanidades. Personas que crean que son dueñas de su destino. Publicado el 8.5.07 en "Heraldo de Aragón", edición de Huesca
Fecha: 13/05/2007 12:49.
Fecha: 13/05/2007 13:08.
Fecha: 15/05/2007 23:40. |