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UNA IMPRENTA EN EL AULA

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         “El libro de los escolares de Plasencia del Monte” es la primera publicación del Museo Pedagógico de Aragón. El museo está en la plaza de López Allué de Huesca, como es sabido. Es un museo que merece ser visitado. Me gusta detenerme en su colección de esferas terresetres y ante la lámina ilustradora de las razas del mundo. El visitante encuentra de pronto cosas que quizá tenía olvidadas, como las cabeza-hucha. Mi educación, en buena parte, ha tenido presente esa cabeza de joven negro, o de asiático, con la ranura para las monedas. Esto se combinaba con el hecho de hacer murales sobre la pobreza, composiciones sobre cartulinas que, más o menos, venían a ser siempre parecidas: a un lado, o en la parte alta, se pegaban fotografías de revistas con coches de lujo, botellas de champagne y panorámicas de calles del primer mundo; y, en la parte baja o en el lado derecho, se pegaban titulares sobre el hambre en el planeta y fotografías de africanos o indígenas americanos. Nuestra riqueza, se venía a decir, es la responsable de la pobreza de otros. Así íbamos creciendo con algo de culpa.     

            Que yo recuerde, el profesor que utilizó con los de mi clase técnicas más experimentales fue José Antonio. Hubo un curso en que se suprimió la propiedad privada en el aula: los libros de texto, los lapiceros y el material de trabajo se guardaban en un mueble, al fondo de la clase. Cuando cambiábamos de asignatura, los alumnos nos amontonábamos frente a ese mueble para hacernos con uno de los libros, a poder ser que estuviese en mejor estado que el resto. De hecho, no sé si esta medida colectivista llegó a durar todo el curso, o fueron solo unas semanas. Mi recuerdo vago es de barullo y libros pintarrajeados, aunque quizá aprendiésemos algo de aquello.       

           No sé si José Antonio, viatoriano, que después se fue a otro país y, años después, nos vendría a visitar un día, era seguidor del método Freinet, pero tenía cosas que podían hacer pensar que sí. Los alumnos debíamos organizarnos en grupos, de modo que la disposición de las mesas, durante un curso, no era la de estar orientadas hacia la pizarra del profesor, sino que formaban pequeños círculos. Cada alumno debía llevar a cabo una serie de trabajos a lo largo de la semana. No teníamos una imprenta propia, pero componíamos pequeños cuadernillos. No sé si con ese método los alumnos nos dedicábamos a perder el tiempo durante buena parte de las clases, es posible que sí. Recuerdo, con todo, que a José Antonio le gustaba pintar, y que después de ver unas acuarelas mías me alentó y me ilusionó para que hiciese más.       

           “El libro de los escolares de Plasencia del Monte” recoge en facsímile el libro que compusieron los escolares de esa localidad justo antes de la Guerra Civil, dirigidos por el maestro Simeón Omella. Siguiendo el método Freinet, se sirvieron de una imprenta manual. En las páginas, entre ilustraciones bonitas, se recogen historias que los escolares recopilaban en sus propias casas, cuentos populares, episodios chistosos o relatos de un pariente que estuvo en la guerra carlista. Los escolares se sirven del lenguaje que oyen en casa, y es ahí donde, en algunos de los fragmentos, con la retórica de “amos” y de “pobres”, se entrevé el enfrentamiento bélico en el que el país iba a caer unos meses después, y que nos iba a mantener atrasados durante décadas.

         Freinet proponía una educación en la que nada fuese “impuesto” al niño. Chesterton, en cambio, decía que todos los educadores son dogmáticos por necesidad, porque en libertad el niño no se educa, y por tanto no llega a ser libre. En fin, hoy me acuerdo de José Antonio, y de don Pedro, que nos dieron clase en Villahermosa.

                                                                                                                                                                            

                                                                                                                                                                             ("Heraldo de Aragón", edición de Huesca, 14.4.07)

18/04/2007 09:24 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente.

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