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GINZBURG: LA CASA Y EL MUNDO

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        Natalia Ginzburg se consideraba a sí misma como una narradora antes que una intelectual, pero a la vez dio lugar a varios volúmenes de opiniones, recuerdos y observaciones que son realmente valiosos. El más conocido de ellos es “Las pequeñas virtudes”. El volumen “Ensayos”, que acaba de publicar Lumen, recoge a su vez otros dos volúmenes: “Nunca me preguntes”, una recopilación que la propia Ginzburg hizo de artículos publicados en La Stampa junto con algunos otros textos; y “No podemos saberlo”, otra recopilación de artículos y textos aparecidos principalmente en el Corriere della Sera y L’Unità. En ambos casos los artículos se presentan cronológicamente, en un periodo que cubre desde 1965 hasta 1990, el año anterior a su muerte.

        En el primero de estos dos libros Ginzburg se muestra insegura respecto a su labor y su persona, insiste en presentarse a sí misma como una mujer que “sólo sabe escribir novelas”, habla de su “inferioridad respecto a los demás”; es una parte cargada de un autodesprecio que llega a sorprender, a la vez que da lugar, acto seguido, a una prosa de lo cotidiano realmente iluminadora; en el segundo libro la autora se muestra más contundente, como si ya supiese mejor quién es ella y cuál es su terreno, como si, ya mayor, pudiese prescindir de ciertos rodeos. El último de los textos es una autobiografía en tercera persona, un buen cierre de su obra, que termina así: “(Natalia Ginzburg) Cree en Dios, aunque de manera caótica, atormentada y discontinua”.

        En los veinticinco años de artículos, prólogos y discursos que recoge “Ensayos” se tratan muchos asuntos. El estudioso de Ginzburg encontrará textos sobre la propia escritura, como “Retrato de escritor”, que supone toda una poética en tercera persona, o “Interlocutores”, donde habla de esos pocos conocidos a los que un autor enseña sus textos antes de ser publicados. También abundan los textos de recuerdos, como el magnífico “La casa”, con el que comienza el libro, y en el que relata la búsqueda con su marido de una casa en Roma donde vivir. O los pasajes en que narra, después de la muerte de su primer marido, Leone Ginzburg, sus días de trabajo para la editorial Einaudi. Quizá sean estos pasajes memorialísticos los que más me han gustado de la primera parte de este volumen, incluido el que narra el paso de la autora por el psicoanálisis, con sus intuitivas conclusiones: la desconfianza en lo onírico, la idea de que el psicoanálisis elimina la posibilidad de “una piedad recíproca”... Al final, en estos textos, siempre vence el elemento humano, un sentido de la prudencia que se apoya más en un conocimiento cálido y práctico de las personas que en la búsqueda de un término medio o un afán de conciliación.

        Abundan los textos en donde Ginzburg habla de cine, de películas que ha ido a ver: de cómo se ha aburrido con una cinta experimental de Ferreri, cómo se queda sin juicio, en una zona desamparada, tras ver “Salò” de Pasolini, o cómo descubre el talento de Billy Wilder viendo “Primera plana” (quizá este último artículo es mi preferido entre los cinematográficos). También escribe sobre teatro, del que ella es autora y del que va a ver: critica el “teatro gestual” o aquel que se presenta a sí mismo como “antiburgués”, y defiende el teatro de butaca, palabra y sentimientos; hace unas observaciones finas y demoledoras sobre Dario Fo, de quien dice que, igual que hacen “los profesores y los curas”, “se dirige sólo a sus partidarios”. Hay una mirada no corrompida en estas opiniones de Ginzburg capaz de lanzar de vez en cuando destellos de gran altura, de gran intelectual antiintelectual, por así decirlo. En el fondo, no sorprende que se declare en este libro admiradora de Simone Weill.

        Abundan también los textos dedicados a la creencia en Dios o, en la última parte, a su candidatura por el Partido Comunista, una filiación política en la que quizá pesaron más motivos biográficos que ideológicos, y que, en todo caso, no deja de sorprender para quien lea estas interesantes páginas.

 

Natalia Ginzburg, “Ensayos” (Lumen, 2009). 447 pág. Traducción de Flavia Company y Mercedes Corral.

Reseña publicada en es suplemento Artes y Letras de Heraldo de Aragón, en junio de 2009.

 

 

26/06/2009 12:57 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

DIRTY MEN

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         Los tres relatos que forman este pequeño volumen, “Nilda”, “El sol, la luna, las estrellas” y “Otravida, otravez” fueron publicados en la revista The New Yorker y se presentan por primera vez conjuntamente en castellano. Está en ellos el mejor Junot Díaz, el Díaz de la colección de relatos “Drown”, traducida en España como “Los Boys”. Son tres relatos narrados en primera persona y en los que se cuentan vidas de inmigrantes dominicanos y ambientes mestizos, también en el idioma. Me han parecido tres cuentos estupendos. En ellos fluye la vida, contada de un modo sólo en apariencia fácil. Son historias de amor, de desamor y de frustración, de personas con trabajos humildes que siguen sujetos a leves esperanzas; de personas capaces de sentir piedad y de hacerse merecedoras de ella, en su sentido más digno, a ojos del lector.

         Los comienzos de estos relatos son significativos. Así el de “Nilda”: “Nilda era la novia de mi hermano. Así es como empiezan todas estas historias”. Se hace en esta historia el retrato de Nilda, una chica de vida sexual temprana y a la que le espera un deterioro también temprano. Es un relato sensual, humano, descarnado y conmovedor. Su romanticismo, su visión compasiva de estas mujeres descaradas y vulnerables, me ha recordado al John Fante de “Pregúntale al polvo”.

         En la primera página de “El sol, la luna, las estrellas”, uno de los relatos más reconocidos del autor, se lee: “No soy un mal tipo. (…) Magdalena no está de acuerdo. Me considera un típico hombre dominicano: un dirty bastard, un gilipollas”. Lo que sigue vale la pena.

 

Junot Díaz. Nilda. El sol, la luna, las estrellas. Otravida, otravez. Traducción de Daniel Gascón. Alfabia, 2009. 152 pág.

Reseña publicada en el suplemento Artes y Letras de Heraldo de Aragón.

31/05/2009 12:03 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

BLOOM Y EL DIOS AMERICANO

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            La religión americana trata sobre una de las especialidades de Harold Bloom, la crítica de la religión, en particular de las sectas y variantes religiosas norteamericanas. Un tipo de crítica especializada en el que apenas hay juicios de valor: Bloom va analizando los presupuestos religiosos y filosóficos que comparten los movimientos sectarios americanos, como es la conciencia de que el “yo” espiritual nativo es previo a la creación, o la base gnóstica de todos estos credos. De modo que el que busque en este libro un análisis de la Norteamérica actual a partir de sus fundamentalismos religiosos, o de su presencia en la vida económica y política del país –basta recordar la aparición constante de un ejemplar de la Biblia en la última toma de presidencia, la de Obama–, puede quedar en parte defraudado, pues lo que predomina es un análisis de los textos fundacionales de lo que el autor llama “la religión americana”, es decir, las sectas autóctonas -el mormonismo, la ciencia cristiana, el adventismo del Séptimo Día, los testigos de Jehová, el pentecostalismo- y los baptistas sureños. Por otra parte, hay que decir que el libro se publicó originariamente en 1992; posteriormente fue reeditado en los Estados Unidos, y es de este nuevo lanzamiento del que nos llega esta traducción al castellano. De hecho, en la escritura del libro está presente el horizonte del cambio de milenio y el asunto del milenarismo. Hay varias fronteras tras las cuales se ha quedado este libro, como es la del atentado del 11-S y el giro de la atención hacia el fundamentalismo islámico, algo que llega a aparecer en el libro, pero de un modo lateral. De modo que Bloom escribe este libro a cerca del adanismo de la religión americana desde cierto adanismo también histórico: Bloom parece pensar por momentos en una prolongación ininterrumpida de mandatos de gobierno republicanos, con una presencia cada vez mayor de los mormones, convertidos en algo parecido a una religión oficial norteamericana. Hay que decir que, afortunadamente, la parte de pronósticos sobre el futuro no parece ser el punto fuerte del libro.

            Harold Bloom lleva a cabo una tarea de “nacionalismo religioso” para analizar qué tiene de específica la religiosidad estadounidense, y por qué no se puede considerar estrictamente una extensión del protestantismo o el cristianismo europeos. Como he dicho, el autor se centra más en el análisis que en los juicios de valor, pero el hecho es que tampoco faltan: de los baptistas radicales dice que “son los herederos de la cruzada de Franco contra la inteligencia”, de los pentecostales, “la versión pura del chamanismo americano”, y de la Nueva Era dice que “es a la Religión Americana lo que La importancia de llamarse Ernesto de Oscar Wilde al teatro de Shakespeare”. Bloom habla de lo mucho que se ha aburrido leyendo los textos de Joseph Smith y del resto de los visionarios fundadores. Nos quedamos con la duda de si el esfuerzo valía realmente la pena. En todo caso, en el libro de Bloom no faltan momentos para el humor y para una erudición a ratos reveladora.

 Harold Bloom, La religión americana, Taurus, 2009, 288 pág.

Reseña publicada ayer en el suplemento Artes y letas de Heraldo de Aragón. Vuelvo a ponerla en el blog después de haberla eliminado accidentalmente. Imagen tomada de aquí.

16/05/2009 14:12 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

GOYA DESDE CLAUSEWITZ

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         Recientemente se daba la noticia de que la exposición Goya y el mundo moderno, que se hizo en el Museo Provincial de Zaragoza y de la que fueron comisarios Concha Lomba y Valeriano Bozal, se podrá ver también en Milán el año que viene. Mientras leía el libro de Nil Santiáñez, “Goya/Clausewitz. Paradigmas de la guerra absoluta”, pensaba que este texto sería un complemento muy oportuno para esta exposición por algunas de las ideas que el autor va desarrollando, sobre todo al final: con la serie Los desastres de la guerra Goya siembra una semilla que saldrá a la luz en el siglo XX, con las guerras mundiales y la vanguardia. Goya, según Santiáñez, asume los postulados de la guerra absoluta que describe el militar prusiano, y tratadista de la guerra, Carl von Clausewitz, y es capaz de expresar artísticamente esta nueva dimensión bélica. El autor explica que durante el siglo XIX, sin embargo, las representaciones de la guerra, como los lienzos de Fortuny sobre la guerra de África o los de Homer sobre la Guerra de Secesión estadounidense, se corresponden todavía con el modelo clásico de conflicto bélico y su iconografía. El libro de Nil Santiáñez consiste en vincular la estética y los presupuestos morales de la serie de grabados Los desastres de la guerra con el concepto de “guerra absoluta” que Clausewitz describe en su obra “De la guerra”: una guerra que ya no es la de una dinastía o gobierno contra otro, con sus ejércitos profesionales, en las lindes del campo de batalla, sino una guerra de geografía global, que incluye a la población civil; una guerra de reclutamientos en masa –como hizo Napoleón–, una guerra de naciones –nadie queda fuera de ella–, una guerra en la que todo está permitido y en la que el campo de batalla es cualquier lugar. Una guerra que daría lugar al horror total, a la pérdida de referencias y a la demencia que, según el autor, transmiten las estampas de Goya.

         El libro de Santiáñez se lee con claridad y fluidez, pese a que en un primer vistazo pueda parecer un texto lleno de referencias, mayúsculas y lenguaje académico.  Se refiere también a nuestra época actual, estudia el desarrollo de la guerrilla y del terrorismo como continuaciones del concepto de “guerra absoluta” –Mao, el Che o Lenin fueron lectores de Clausewitz–, y acaba analizando la Guerra Fría y su posibilidad de destrucción atómica como culminación del proceso.

         Santiáñez describe la serie de grabados de Goya como una guerra sin lugar propio –no hay ningún edificio identificable en ellas–, de pesadilla, sin héroes ni referentes morales. Algo que se escapa al lenguaje, que no puede ser “dicho”, sino sólo “mostrado”. Un trauma que se continuará en las trincheras y el gas tóxico de la Primera Guerra Mundial, en los bombardeos sobre las ciudades, en el holocausto nazi, y al que darán expresión las vanguardias. El lector entonces se pregunta: ¿no ha de ser transitoria toda estética del trauma?, ¿puede convertirse en canónica una estética del trastorno? Aquí encuentro quizá el punto que me distancia de lo que la modernidad hace pasar como “goyesco”.

Nil Santiáñez, Goya/Clausewitz. Paradigmas de la guerra absoluta, 142 pág. Alpha Decay, 2009.

Artículo publicado en el suplemento Artes y letras de Heraldo de Aragón (14.5.2009)

16/05/2009 13:24 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

TRAS LA LOCURA DE NIETZSCHE

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         “La escultura de sí. Por una moral estética”, de Michel Onfray, y “La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche”, de Franz Overbeck, son dos títulos de la nueva editorial independiente Errata naturae. Ambos libros tienen como eje la figura del filósofo Nietzsche. En el caso de Onfray, como modelo a partir del cual exponer sus propias tesis hedonistas; en el caso de Overbeck, como el recuerdo personal de quien fue su amigo.

         Michel Onfray es uno de los ensayistas franceses que más eco está teniendo actualmente en nuestro país. Su “Tratado de ateología” vendió más de doscientos mil ejemplares en Francia. “La escultura de sí” es uno de sus primeros libros, fue publicado en Francia a principios de los noventa. El autor relata su peregrinaje por los lugares del norte de Italia en que estuvo Nietzsche recobrándose de su locura. En Venecia se detiene ante la estatua del condotiero Colleoni, un militar mercenario que sirve a Onfray como base para recrear su propio ideal humano, pegado al que describió Nietzsche con su Zaratustra: el individualismo feroz, la exaltación de la jerarquía, la insumisión ante los valores considerados como gregarios, la negación del consuelo de un más allá, etcétera. De hecho, el libro se puede leer como un manual de filosofía nietzscheana en su mayor parte, hasta llegar al capítulo titulado Patética, donde Onfray se centra en exponer las bases de su filosofía hedonista, lo que en obras sucesivas desarrollará. De ahí que este libro de Onfray pueda resultar de un interés particular para los seguidores de este autor. Al final del libro Onfray visita la estancia de Sils donde estuvo Nietzsche y se enfrenta a su máscara mortuoria; luego, en Bérgamo, el autor dice encontrar casualmente la tumba del condotiero, lo que le sirve de reafirmación en sus ideas de lo que podríamos llamar un “materialismo exaltado”.

         Entiendo que tiene interés el proyecto de Onfray de reescribir la historia de la filosofía, crear un nuevo canon que llegue incluso a los escolares: un canon que no parta de Sócrates y Platón, sino de Demócrito y Epicuro. Entiendo que los textos de carácter erudito de Onfray, sus conocimientos del Renacimiento o el Barroco, pueden ser una lectura de provecho. Pero, aparte de esto, Onfray tiende a parecerme retórico. La sumisión que Onfray presenta en este libro a la figura de Nietzsche, la reverencia en las citas que encabezan cada capítulo, me parece muy poco nietzscheana. La pretensión de escandalizar de Onfray llega a ser a veces conmovedora (lo subversivo sería hoy, en todo caso, afirmar la trascendencia). El desprecio que muestra por las leyes (asociadas a lo “gregario”), por las matemáticas (asociadas a la planificación burguesa) y por el derecho me resulta inquietante. Dice despreciar esta época sin “virilidad”, pero uno se queda con la duda de saber en qué época le hubiese gustado haber vivido y publicado, qué añora.

         El libro de Overbeck, por su parte, es, como ya he indicado, un testimonio personal: el autor conoció a Nietzsche cuando tenía treinta y tres años, vivieron juntos durante una temporada y conservaron la amistad hasta el final de sus vidas. Aunque ese “conservaron” ha de ser matizado, puesto que Nietzsche entró en una pendiente de locura que clausuraba ese trato amistoso, o lo hacía intermitente. El libro de Overbeck, compuesto a partir de textos de sus memorias, se va haciendo contundente conforme avanza, hasta una parte final estremecedora. Es un libro sobre la amistad, o su imposibilidad ante alguien como Nietzsche. A Overbeck solo le interesa en estos textos el lado humano de su compañero, y esto hace grande al libro. Al principio sospecha que la locura de Nietzsche era fingida, luego se pregunta si era consecuencia de su filosofía y su egolatría. El libro acaba con un apéndice, omitido en su día, en que el Overbeck critica la actitud tergiversadora de la hermana de Nietzsche, y de su marido, el antisemita Bernhard Förster.

Michel Onfray. La escultura de sí. Por una moral estética. Errata naturae, 2009. 222 pág.

Franz Overbeck. La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche. Errata naturae, 2009. 122 pág.

(Reseña publicada en el suplemento Artes y letras de Heraldo de Aragón)

29/03/2009 12:04 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

DOS LIBROS

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DEL DERECHO A APRENDER 

         Ricardo Moreno Castillo se hizo conocido por su “Panfleto antipedagógico”, que tuvo una gran difusión en internet, sobre todo entre profesores descontentos con la ley de enseñanza española, la LOGSE, más tarde LOE. El texto se publicó después como libro, que también circuló con éxito. Moreno Castillo escribe con corrección y amenidad, apartado de las jergas pedagógicas que él mismo se ocupa de denunciar. No parece que tenga vocación de polemista, aunque sus textos hayan dado lugar a polémicas en diferentes medios de comunicación. Más bien trata de defender ideas que él considera que parten del sentido común y del sentido natural de la experiencia que tienen los profesores. Pero si reseño aquí a Moreno Castillo, a propósito de este nuevo libro suyo, “De la buena y la mala educación”, es porque considero que el interés de su lectura no se limita a las personas ocupadas en cuestiones pedagógicas, sino que ofrece una visión del mundo y de la experiencia que resulta enriquecedora para cualquier lector: su crítica al supuesto progresismo del actual sistema de enseñanza está hecha desde una defensa abierta de la democracia, desde la convicción de que el periodo histórico en el que vivimos es privilegiado, desde una defensa también de la enseñanza laica y pública ­-entendiendo que tratar de igualar por abajo a los alumnos acaba perjudicando, paradójicamente, a las clases sociales más desfavorecidas-, y, por último, desde una crítica al cinismo de las posturas multiculturalistas que olvidan que el conocimiento y el aprendizaje es, en última instancia, un elemento igualador. Una de las ideas reiteradas en este “De la buena y la mala educación”, que se presenta con un prólogo de Eduardo Mendoza, es que, felizmente, nos vamos acostumbrando a denunciar cualquier brote de violencia dirigida contra las mujeres, mientras que, a la vez, hacemos la vista gorda con otra clase de violencia: la que se da en las aulas por parte de los alumnos que no están dispuestos a aprender hacia los que sí lo están, una anulación consentida del derecho de los buenos alumnos a aprender.

         Parte de los textos que componen “De la buena y la mala educación” habían aparecido publicados con anterioridad en forma de artículos, mientras que el resto es material inédito. Este carácter recopilatorio del libro hace que a menudo caiga en repeticiones de las tesis principales, sin que, en mi opinión, suponga una lastra al conjunto. Son precisamente las partes publicadas con anterioridad las que me han parecido más interesantes, aquellas dedicadas a la crítica de ciertas terminologías pedagógicas, que él considera “sectarias” (acaba diciendo que la pedagogía, como ciencia, le parece una “estupidez”). En cambio, cuando se aparta de estos asuntos, como en los capítulos dedicados a la bondad de la lectura, o a la conveniencia de que se estudie más historia de la ciencia, o a la defensa de la asignatura de Educación para la ciudadanía, el libro, sin dejar de ser interesante, se vuelve menos urgente y sustancial. En todo caso, se trata de un libro de ensayo de lectura provechosa.

Ricardo Moreno Castillo, De la buena y la mala educación (Los libros del lince, 2008), 172 pág.

(Reseña publicada en el suplemento "Artes y letras" de Heraldo de Aragón, 29.1.2009)

 

 

 

 

 

AÑORANZA DE LA OSCURIDAD

            El libro de los saberes es un volumen que contiene veintisiete entrevistas a figuras del pensamiento, las ciencias, las artes y la literatura. El autor, Constantin von Barloewen, llevó a cabo estas entrevistas entre la década de los noventa y comienzos del nuevo siglo. Las entrevistas le llevaron a él y a un equipo de televisión de un extremo a otro del mundo, buena parte del material que aparece en el libro se ha podido ver en el Canal Arte de televisión. Barloewen, culminado su proyecto de entrevistar a un número suficiente de personajes entrados en la madurez, que de alguna manera sirviese para hacer su particular retrato de final de un siglo (y de un milenio; el libro está atravesado de un aire milenarista), lo ha pasado a libro con su ayudante Gala Naoumova. Entre los entrevistados están el poeta Adonis, el músico Menuhin, escritores como Carlos Fuentes, Nadine Gordiner, Soyinka o Amos Oz, antropólogos como Lévy-Strauss (que cumplió cien años el mes pasado), filósofos de la religión como Raimon Panikkar, científicos, sociólogos y políticos como Mayor Zaragoza o Butros-Ghali. Cuento a primera vista cinco entrevistados que han muerto antes de la publicación de este libro, con lo que también se puede leer parte de él como una versión impresa del equivalente a nuestro programa televisivo Epílogo.

            Compré el libro sin tener referencias de él, convencido de que la relevancia de buena parte de los entrevistados, y el gran número de páginas, harían por fuerza que encontrase elementos de interés. Y así ha sido, aunque diré que el punto de vista desde el que están hechas las entrevistas no ha dejado de crearme incomodidad o cansancio a lo largo de toda la lectura. Barloewen parece haber querido hacer un libro de tesis, solo que en lugar de escribir él la tesis, se sirve de los personajes a los que entrevista. Él mismo se explica en el epílogo: “este libro está concebido (…) como un fragmento de crítica de la civilización de los tiempos modernos”. Barloewen se propone plantear un “diálogo de civilizaciones” que ponga fin a lo que él considera la dictadura de la razón técnica (la tecnología, vamos), el utilitarismo liberal norteamericano y la imposición del “logos” occidental. Las preguntas insisten una vez y otra en la línea de que occidente ha perdido la mística, el misterio, “la metafísica”, el sentido de lo religioso, y que lo debe recuperar volviendo la vista hacia los pueblos indígenas, la tradición musulmana y los reductos “incontaminados”. A partir, de aquí, hay autores que, por así decirlo, entran al trapo, y la conversación se convierte a veces en una orgía de improperios contra la “razón occidental”, como sucede con el genetista Chargaff, que, pese haber hecho una brillante carrera científica en Nueva York, la ciudad que le cobijó tras huir del nazismo, no duda en calificar a los Estados Unidos como un “depósito de inmundicias”.  El poeta sirio Adonis sirve de pórtico idóneo para esta serie. En cambio, Carlos Fuentes, Oz o Butros-Ghali, entre otros entrevistados, no se prestan a la complicidad del entrevistador y abren el libro a otras perspectivas.

 

Constantin von Barloewen y Gala Naoumova, “El libro de los saberes” (Siruela, 2008). 580 pág.

(Reseña publicada en el suplemento "Artes y letras" de Heraldo de Aragón, diciembre de 2009)

30/01/2009 12:17 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

Fotos

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Pongo una imagen de la presentación de la novela Brindis en la librería Los portadores de sueños (de izquierda a derecha: el editor, Raúl Usón, Aloma Rodríguez, el autor e Ignacio Martínez de Pisón). La foto es de Barreiros, que tiene en la librería su propia exposición, Chatarra. Más fotos en la web de la librería.

16/11/2008 09:30 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

THAT'S THE QUESTION

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Reseña del libro de Juan Villoro "De eso se trata (Ensayos literarios)" (Anagrama) publicada en el suplemento Artes y letras de Heraldo de Aragón:

 

         “De eso se trata” es un conjunto de ensayos de Juan Villoro sobre escritores: Shakespeare, Cervantes, Casanova, Goethe, Rousseau, el Borges visto por Bioy Casares, Saer, Chéjov, Hemingway, Lowry, Onetti… También trata sobre el género diarístico. Es un libro escrito con pasión por la literatura, después de leer el libro de Villoro dan ganas de releer a algunos autores sobre los que escribe, de ir a la librería, y creo que esto es lo mejor que se puede decir de “De eso se trata”.

         El primero de los textos está dedicado al “Hamlet” de Shakespeare. Está escrito como una crónica autobiográfica: el autor rememora un curso de Harold Bloom al que asistió, y copia fragmentos de los apuntes que tomó en un cuaderno, encontrado años después. En este punto quizá el lector piense que el libro va a ser todo así, un acercamiento a diversos escritores ligado a la biografía del autor, un tono de autocrónica del que Villoro se desenvuelve con maestría, como ha demostrado en multitud de artículos o en uno de mis libros preferidos de este autor, “Palmeras de la brisa rápida” (del que no hay edición española, por cierto). Sin embargo, el resto de los textos que forman el libro está escrito de un modo más académico y desligado de lo autobiográfico, aunque no por eso menos comprometido. El libro está escrito con una gran erudición a la vez que amenidad, es un libro sobre libros escrito sin estridencias, libre de alardes retóricos. Es cortés en todo momento, sin ser nunca esquivo, por decirlo de algún modo.

         La huella de Bloom no está solo en su aparición en el primer capítulo, sino que Villoro parece haberlo puesto en ese pórtico del libro como reconocimiento de cierto magisterio: su conocido concepto de “la angustia de la influencia” es reinterpretado por Villoro en cada uno de los autores que trata, entendiendo la literatura como un diálogo de influencias y un modo de interpretar que cambia el modo posterior de leer. Llega a comentar, por ejemplo, que a veces encontramos a Chéjov poco chejoviano, una vez que este autor ha creado una manera de entender la literatura: los propios escritores no siempre están a la altura de aquello a lo que dan lugar. La peculiaridad del punto de vista de Villoro, dada su condición de escritor que se encuentra a medio camino de América y Europa, es que prolonga este análisis de entender cada libro canónico como un espejo trastornado de los que le precedieron, al propio descubrimiento de América: Europa, después de Colón, se mira en el espejo del nuevo continente. Este es otro de los ejes del libro, un asunto que aparece tratado en otro volumen de ensayos de Villoro, “Efectos personales”. A raíz de “los libros de saldos” de Lichtenberg el autor vuelve a revisar la visión que se tiene de América durante la Ilustración y el Romanticismo: mitos como el del buen indígena, o ideas como la de Lichtenberg de que los guineanos, pese a tener un explosivo similar al de la pólvora, “son demasiado pacíficos para utilizarlo al estilo europeo”. Una visión romántica y paternalista sobre lo “virginal” que contrasta con el conocimiento y la audacia con que están escritos estos ensayos.  

 

Juan Villoro, De eso se trata (Ensayos literarios), Anagrama, 2008. 361 pág.

 

08/11/2008 19:25 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

BRINDIS

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He publicado una novela, Brindis. Espero que les guste.

(Se presentará en la librería Los portadores de sueños, en la calle Blancas de Zaragoza, el próximo día 4)

22/10/2008 21:15 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

MAL DE ESCUELA

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Reseña del libro de Pennac, publicada en el suplemento de "Artes y letras" de Heraldo de Aragón:

 

APOLOGÍA DEL ZOQUETE

 

         Mal de escuela es un conjunto de textos en que Daniel Pennac habla de la educación desde el punto de vista del mal estudiante, del “zoquete”. En cierto modo es una apología del mal estudiante, como el mismo autor fue, a la vez que una defensa de la labor del profesor, y de la educación como salvación. He dicho que es “un conjunto de textos” porque, aunque no se trate de una antología de textos publicados con anterioridad, no siempre el libro consigue tener una consistencia que vaya más allá del tono amable de charla, de confidencia, del que se sirve Pennac. En el primer capítulo, “El basurero de Djibuti”, Pennac cuenta su propia experiencia como alumno desastroso e hijo problemático: suspensos reiterados, incapacidad para la ortografía y cierta actitud insolente tras la que se esconde el complejo de ser un fracasado precoz. El joven Pennac es descubierto robando en su propia casa, lo que acaba llevándole a un internado. Quizá sea esta parte, más narrativa, la que más me haya gustado del libro.

El paso siguiente es que Pennac consigue acabar su licenciatura e inmediatamente comienza a trabajar como profesor de liceo. Sus experiencias como profesor, y las divagaciones sobre la enseñanza a las que da lugar, ocupan el resto de los capítulos del libro. De ellos, tal vez el más redondo y conseguido sea “Maximilien o el culpable ideal”, por su carácter unitario. Pero, en general, todas estas divagaciones y recuerdos son de interés irregular. De igual modo que puedo decir que me gusta el punto de vista desde el que Pennac habla en este libro, puedo decir también que hay tramos en los que me he aburrido. De modo que diría que es un libro aconsejable para cualquier persona interesada en materias de educación, porque, ciertamente, es un libro bello, aunque no deje de sorprenderme que esta obra haya tenido una repercusión tan grande en Francia. Pennac da un mensaje tranquilizador sobre las revueltas de estudiantes de los suburbios franceses, se aparta de mensajes apocalípticos o fatalistas, e impregna todo su relato de una amable humanidad. También diré que resulta algo simplista en su retrato de los jóvenes víctimas de la llamada sociedad de consumo. En todo caso, me resulta convincente y audaz el rechazo que hace de la sociología, del ir a las “causas” en los conflictos de las “banlieues”, para centrarse en la soledad del mal estudiante y ofrecer una mirada cercana y a la vez firme en la voluntad de educar, una responsabilidad individual. Este libro me ha recordado a “El profesor”, de Frank Maccourt.

La educación en Francia es un asunto recurrente en sus libros. En nuestro país está reciente la traducción de “Carta a los educadores”, del presidente Sarkozy, donde defiende la firmeza en los antiguos valores de la escuela de la República, aunque a la vez se muestra titubeante en la vieja idea de la laicidad. Y más reciente está la traducción del libro de Redeker, “¡Atrévete a vivir!”, donde el autor muestra un sistema educativo cobarde ante las amenazas islamistas y débil en sus principios. Cuestiones, en todo caso, en las que no entra este libro de Pennac.

 

Daniel Pennac, Mal de escuela, Mondadori, 255 pág.

22/10/2008 21:10 Autor: ismaelgrasa. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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